COVID-19 stalks Kern farmworkers: misinformation and language the main barriers

California se ha colocado como el estado con mayor índice de vacunación anti COVID-19 en el país, lo que significaría que ha dado un fuerte revés a la pandemia, sin embargo, hay condados, como Kern, en donde por diversas razones la ayuda y atención no logran permear del todo.

Y es que, de acuerdo con Edward Flores, profesor asociado de sociología en la Universidad de California, Merced, el Valle Central tuvo uno de los mayores aumentos de muertes por COVID-19 del estado entre 2019 y 2020.

El condado de Kern se caracteriza por sus amplios campos de cultivo en donde miles de trabajadores agrícolas se arriesgan cada día para que en todas las mesas del país haya los alimentos necesarios y  evitar así una crisis más, esta vez alimentaria.   

Sin embargo, son estos trabajadores esenciales que cultivan y procesan los alimentos, quienes hoy ven comprometida su salud debido a miedos, desinformación, falta de transporte y desconfianza. 

Si bien las vacunas para COVID-19 son más accesibles, otros factores como el pago del alquiler, evitar un desalojo, o mantener la electricidad, así como conseguir transporte o simplemente tener suficiente tiempo en el día, juegan un papel importante a la hora de enfrentar de manera asertiva una pandemia que sigue sin dar tregua.

Ante ello, el papel de los gobiernos será clave para que los trabajadores agrícolas y de procesamiento de alimentos no se queden atrás, incluso, peor que antes de la pandemia.

«Los trabajadores agrícolas experimentaron un riesgo mucho más alto de muerte por COVID-19 en 2020, en comparación con otros trabajadores, quienes están particularmente en desventaja».

Durante una sesión informativa con medios de comunicación realizada por Ethnic Media Services, el experto destacó que en EE.UU. los trabajadores agrícolas siguen teniendo las tasas más bajas de vacunación, «pero esto no es necesariamente el problema en sí mismo. Esto es sólo un síntoma del problema, porque la encuesta completa de los hogares nos dice que las tasas de vacunación son efectivamente  las más bajas entre las personas que carecen de atención médica y que además experimentan inseguridad alimentaria y de vivienda». 

Así, el Valle Central tuvo  el mayor aumento de muertes en el estado entre 2019 y 2020 con un alza de 26 por ciento, y los jóvenes son los más afectados.

Al hacer un acercamiento a los condados, Flores refirió que de esos 12 condados con el mayor aumento de muertes entre 2019 y 2020, ocho de ellos estaban en el Valle Central. 

En ese sentido, el condado de Kern tuvo un aumento del 23.5 por ciento en muertes relacionadas con COVID-19 entre 2019 y 2020. Tan solo entre marzo y diciembre de 2020, el condado reportó mil 230  fallecimientos, que representaron más de un cuarto de las muertes relacionadas con la pandemia en el estado.« Fue la segunda tasa más alta, sólo superada por los trabajadores de los almacenes», puntualizó. «Cuando miramos de cerca, vemos que el condado de Kern tuvo un aumento del 37 por ciento en la mortalidad entre 2019 y 2020».

A ello se agrega que el 67.3 por ciento de estos trabajadores son inmigrantes que ganan salarios bajos,  viven en hogares alquilados, en hacinamiento y con niños. «Todavía hay algunas diferencias muy significativas entre los trabajadores agrícolas y otros  de alto riesgo debido a la  desigualdad social que padecen».

De acuerdo con la Oficina del Censo en EE.UU., sólo el cincuenta por ciento de los trabajadores agrícolas a nivel nacional se han vacunado. Y esta cifra es  mucho más baja que cualquier otro grupo esencial o trabajadores no esenciales que tienen una tasa de vacunación del 84 por ciento.

Flores dijo que las tasas de vacunación varían según la alimentación. «Las personas que viven en hogares con suficiente cantidad y tipos de alimentos, tenían tasas de vacunación del 88 por ciento, mientras que aquellos que no tenían esa condición la media fue del 56 por ciento».

Pero la alimentación no es el único factor, pues el nulo acceso a la atención sanitaria también afecta. Y en aquellos que suman estas dos características, los niveles de vacunación son del 39 por ciento, precisó Flores.

«Las desventajas son más evidentes en las personas sin seguro médico y a menudo no tienen suficiente para comer» Además, las personas que pensaron serían desalojadas presentaron tasas más bajas de vacunación. Y aquellos que creían que era ?muy probable? que los sacaran de sus hogares en los próximos dos meses tenían tasas de vacunación del 35 por ciento».

In view of this, precisó que para mejorar las tasas de vacunación y reducir la propagación de la COVID es necesario invertir más en la ampliación de la red de seguridad, lo que implicaría aumentos salariales a los inmigrantes indocumentados, extensión de licencias por enfermedad, y la mejora de la distribución de la ayuda al alquiler, sobre todo para aquellos inquilinos que están en riesgo de desalojo.

Para Juana Montoya, coordinadora regional de la organización Líderes Campesinas, y habitante de   Arvin, una pequeña comunidad agrícola en Kern, las condiciones a las que se enfrentan miles de trabajadores en el campo no son las mejores.

Hija de trabajadores agrícolas, dejó la escuela secundaria durante su primer año para trabajar en el campo, debido a problemas económicos: inició recogiendo cerezas, arándanos, melocotones y pimientos. 

Juanita, como le dicen quienes la conocen, sabe de primera mano lo duro que es el trabajo en el campo, incluso, durante la pandemia , enfrentó el duro frío y  enfermó un par de veces. 

Su día, junto con el de su esposo, inicia a las 4:30 de la mañana, para tomar el transporte público con un gran miedo, sin saber si alguien cerca ha tenido COVID, denunció.

El impacto de la pandemia en la mujer trabajadora agrícola ha sido grave, explicó, pues muchos aún no se han vacunado debido a información errónea y a mitos que circulan en sus comunidades y los medios de comunicación social sobre la vacuna.

Al hablar con los y las trabajadores, dice que les precisan que «no hay ningún chip que los registre, no hay ningún efecto negativo, no se pierde la fertilidad y creamos una confianza con ellos», lo que ha logrado que algunos de ellos cambien de opinión, o al menos, lo piensen.

Precisó que al ser muchos de ellos inmigrantes indocumentados temen vacunarse por generar un registro ante el  gobierno, lo que, según ellos, podría implicar deportaciones. A ello se suma que una gran mayoría de estos trabajadores no tiene acceso a internet, y ni hablar de las barreras lingüísticas.

Montoya agregó que es necesario contar con transporte para ponerse la vacuna, pues muchos de ellos no tienen cómo trasladarse hasta algún punto de vacunación y regresar a sus labores. 

 A pesar de las dificultades para llevarles información,  se han trasladado cuadrillas de voluntarios de la salud a sus sitios de trabajo, para resolver sus dudas y poner a su alcance diversos recursos. 

«Para Líderes Campesinas, el mejor enfoque para expandir la vacuna ha sido llevar educación y las mismas vacunas directamente a la comunidad. Nos esforzamos por la equidad, no sólo en los números, sino en la calidad de la atención y animar a la gente a tomar decisiones informadas, por lo que, desde el comienzo de la pandemia, hemos encontrado que una gran información con respecto a COVID-19 y las vacunas era y es escasa en nuestras comunidades».

Reconoció que el condado de Kern estaba entre los condados más afectados y que los mensajeros de confianza de las organizaciones comunitarias son muy necesarios para luchar contra la desinformación y los temores.

«Estamos trabajando hacia un cambio de sistema para que nuestras comunidades prosperen y protejan la salud del público».

Margarita Ramírez es una trabajadora comunitaria del Centro Binacional Mixteco;  su labor es hablar y brindar información sobre las vacunas a los trabajadores agrícolas en Kern, así como hacer de su conocimiento sus derechos laborales. 

«Está pandemia les ha afectado porque les han reducido las horas, y principalmente porque los obligan a ir a trabajar, aunque estén enfermos de COVID», destacó preocupada.

Agregó que los efectos han sido mayores entre la comunidad mixteca, debido a la falta de personal que hable su lengua. «Principalmente, porque ellos no entienden sobre sus derechos y hay mucha gente que se aprovecha de eso, principalmente los patrones».

Destacó que la ayuda por parte del gobierno estatal ha llegado solo para algunos, pues la mayoría no califica para los programas, ya sea porque no tienen hijos, o por los impuestos, entre otros.

La desinformación  se da de manera cotidiana entre los propios trabajadores, dice, pues entre ellos comentan que las vacunas matan, o que de ponerlas se pueden quedar estériles, «o que te vas a hacer zombi», por lo que es importante el trabajo de campo y llevarles la información adecuada y precisa en su propia lengua.

Sarait Martínez es directora ejecutiva del Centro Binacional Para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño, para ella, las disparidades de las comunidades indígenas en EE. UU. se acentuaron con la pandemia.

Recordó que una cuarta parte de los campesinos en el estado de California hablan lenguas indígenas, lo que limita el acceso a dicha comunidad a la  información. Muchas veces, los mensajes son traducidos del inglés al español, pero muchos de los conceptos no existen para estas comunidades.

«Así que encontrar la terminología adecuada y cómo explicamos las cosas es completamente diferente. La COVID-19 sólo exacerbó las desigualdades».

Ello, dijo, limitó la ayuda y los recursos a la asistencia financiera, el desalojo, la prevención y la seguridad alimentaria, «a pesar de que los recursos están ahí». «Es imposible para nuestra comunidad navegar y tener todos los requisitos para ir a través del proceso, porque las instituciones no están equipadas para servir a nuestra comunidad en su lengua y cultura».

Y es que, además, muchos de los trabajadores agrícolas indígenas no tuvieron una educación formal. Por lo tanto, la lectura y la escritura, es otra limitante.

Punjabi community in the food sector of Kern

Naindeep Singh,  director ejecutivo del Movimiento Jakara, recordó que la comunidad punjabi se remonta, al menos en el sector agrícola del condado de Kern, a más de cien años, en donde los asentamientos permanentes comenzaron a surgir en los años 50 y 60, vinculados a algunas de las empresas agrícolas más grandes de la zona.

Destacó que la situación actual de los trabajadores Punjabi está cambiando rápidamente, pues, aunque la explotación también está muy extendida, los jóvenes que trabajaban como en el campo han emigrado a un nuevo modelo en el sector de alimentos enfocado a la comercialización de los productos.

Sin embargo, aquellos que tienden a ir todavía al trabajo agrícola son la clase obrera inmigrante de edad avanzada, aunque no son los únicos, pues una gran cantidad de mujeres jóvenes indocumentadas trabajan en varias plantas de alimentos.

En términos de cómo la pandemia les ha impactado, dijo, al menos en el condado de Kern, «ha sido una especie de mosaico en términos de cómo la situación se ve en el factor individual, sin embargo, a nivel macro, es más lo que hacen las empresas».

En ese sentido, apuntó que, por diversas razones, estas empresas se han negado rotundamente a poner a su disposición la vacuna por lo que consideró que en última instancia tendrá que ser un mandato para todos los empleadores.

«Si realmente vamos a mover la aguja para asegurar la salud y el bienestar de nuestras comunidades, creo que eso tiene que ir también de la mano con el lenguaje y la educación».

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