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viernes, septiembre 4, 2026
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Venezuela es una advertencia para América Latina

Luego de la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, muchos estaban a la espera de una renovación democrática en el país. Mientras algunos esperaban que Corina Machado, principal representante de la oposición en Venezuela, tomara el poder, otros estaban contentos simplemente por ver la caída del régimen chavista. Resulta que ninguna de las dos cosas sucedió.

Delcy Rodríguez, quien fungió como vicepresidenta de Venezuela entre 2018 y 2026, ahora es presidenta interina ante la ausencia de Maduro. Naturalmente, esto significa que la estructura política chavista sigue en el poder y ahora negocia abiertamente con el gobierno estadounidense. 

Cuando se le preguntó al presidente Donald Trump si se llevarían a cabo elecciones en Venezuela, respondió: “No creo que estén listos; es muy reciente”. También extendió elogios a la actual presidenta interina, quien dijo: “Está haciendo un muy buen trabajo”. 

El trabajo que está haciendo muy bien Delcy Rodríguez es permitir la explotación petrolera de Venezuela. ¿Qué otro trabajo le interesa a Donald Trump? Después de este acuerdo de explotación petrolera por nada más que 100 años, el presidente de los Estados Unidos no tiene prisa por acelerar la salida del régimen chavista. 

Por su parte, la opositora y ganadora del Premio Nobel Corina Machado también se posicionó en contra de los tratos de la Casa Blanca con la actual administración de Venezuela, pues considera que las negociaciones de los recursos naturales de la nación deben darse con un gobierno legítimo. 

Así es que Venezuela queda en el peor de los escenarios y nadie está contento con los resultados. El gobierno estadounidense no convence a quienes querían un cambio verdadero en la estructura política del país, pues los temores de que el régimen chavista sobreviva ahora con la aprobación de Trump se ahondan. 

Tampoco deja tranquilos a quienes seguían con los ideales socialistas que fueron la directriz del movimiento chavista. Hoy en día, las decisiones de Venezuela se toman en Washington y pocos podrían negar que están subsumidas a las necesidades estadounidenses. 

La prueba más evidente de que los intereses de Trump no tienen ni bandera ni color, que las etiquetas de izquierda y derecha van directas a la basura en cuanto le son incómodas, es que un día critica los regímenes brutales y califica de peligrosos criminales a dictadores para después recalcar la buena relación que tiene con Kim Jong Un. 

Todos los países en Latinoamérica deberían tomar nota de la nueva realidad política de la región: los candidatos que cooperan abiertamente con Trump no son sus aliados, son sus sirvientes. 

Al mismo tiempo, la obediencia es recompensada con colaboración y protección que pueden incluso permitir que un régimen con tantas denuncias de violaciones a derechos humanos como el venezolano siga en el poder. 

Los votantes en las regiones del sur deben dejar de pensar en términos como derecha e izquierda y empezar a preguntar qué significa la colaboración con los caprichos de quien ahora habita la Casa Blanca. 

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Hans Leguízamo
Hans Leguízamo
Coordinador de audio y video de Península 360 Press. Sociólogo e investigador especializado en entretenimiento electrónico, videojuegos y derechos del consumidor.