
The Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) calificó como “peligrosa e innecesaria” la decisión de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de eliminar varias recomendaciones universales de vacunación infantil, una medida que, advirtió, pone en riesgo la salud pública y la confianza en las vacunas.
De acuerdo con el nuevo calendario publicado por los CDC, vacunas como las de hepatitis A y B, rotavirus, virus respiratorio sincitial (VRS), influenza y enfermedad meningocócica dejarán de recomendarse de forma rutinaria para todos los niños, y pasarán a esquemas basados en riesgo o en “toma de decisiones clínicas compartidas”.
El presidente de la AAP, el doctor Andrew D. Racine, advirtió que este cambio rompe con el proceso tradicional de revisión científica y genera confusión entre padres y profesionales de la salud.
“Esta decisión imprudente sembrará más caos, erosionará la confianza en las vacunas y no es la forma de mejorar la salud del país”, afirmó.
Los CDC indicaron que el nuevo esquema clasifica las vacunas en tres categorías: recomendadas para todos los niños, recomendadas para niños de alto riesgo y aquellas sujetas a decisión clínica compartida. Sin embargo, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) no recomendó esta modificación, lo que, según la AAP, debilita el rigor científico del proceso.
Bajo el nuevo calendario, seguirán siendo universales las vacunas contra difteria, tétanos, tos ferina, Haemophilus influenzae tipo b, neumococo, poliomielitis, sarampión, paperas, rubéola, varicela y virus del papiloma humano (VPH). En este último caso, se plantea aplicar una sola dosis en lugar de dos.
Las vacunas contra VRS, hepatitis A y B, dengue y meningococo quedarán reservadas para niños considerados de alto riesgo, mientras que rotavirus, COVID-19, influenza y hepatitis se administrarán según decisión clínica compartida.
La AAP subrayó que existe evidencia contundente de los beneficios de la vacunación universal, al tiempo que recordó que el VRS, principal causa de hospitalización en bebés, se redujo hasta en 50 por ciento tras la inmunización materna e infantil; que la vacuna contra el rotavirus previene entre 40 mil y 50 mil hospitalizaciones anuales; y que los casos de hepatitis B en menores disminuyeron 99 por ciento desde que se implementó la dosis universal al nacer.
Además, destacó que alrededor del 89 por ciento de los niños que murieron por influenza la temporada pasada no estaban completamente vacunados, lo que refuerza la importancia de mantener esquemas amplios de inmunización.
La organización también alertó que la “toma de decisiones clínicas compartida” ya ha demostrado ser problemática, pues cuando fue aplicada a la vacuna contra la COVID-19, generó confusión, retrasos y negativas de cobertura por parte de aseguradoras, afectando directamente a pacientes y proveedores.
Los cambios se producen tras un memorando emitido en diciembre por el presidente Donald Trump, que instruyó revisar el calendario de vacunación de Estados Unidos y compararlo con el de otros países.
Aunque los CDC señalaron que se inspiraron en modelos como el de Dinamarca, la AAP advirtió que no se pueden trasladar políticas sanitarias sin considerar diferencias en riesgos, sistemas de salud y seguimiento pediátrico.
“El hecho de que otro país tenga menos vacunas recomendadas no significa que sea más seguro”, señaló Sean T. O’Leary, presidente del Comité de Enfermedades Infecciosas de la AAP. “No hay evidencia científica de que omitir o retrasar vacunas beneficie a los niños estadounidenses”.
Finalmente, la AAP reiteró que continuará emitiendo sus propias recomendaciones basadas en evidencia científica y exhortó a los padres a consultar directamente con sus pediatras.
“Cuando un niño no recibe vacunas recomendadas, se expone a enfermedades graves y prevenibles”, concluyó Racine.
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