Contra las guerras capitalistas

La invasión del ejército ruso a Ucrania ha vuelto a encender las alarmas. La humanidad no termina de salir de la pandemia provocada por el Covid-19 cuando ya enfrenta posibles guerras, lo que revive la vieja preocupación sobre la destrucción mutua asegurada.

En la prensa y redes sociales cada bando intenta imponer su narrativa, justificar la guerra y “obligar” a la sociedad a tomar partido, cómo si sólo existieran dos posiciones.

Los expertos en geopolítica y relaciones internacionales hablan sobre el ascenso del “nacismo” en Ucrania, sobre el “neozarismo” de Rusia, sobre el intervencionismo de la OTAN y EU, sobre la crisis de la Unión Europea, sobre la importancia del gas y el petróleo, sobre el aumento de los costos de los alimentos, sobre el papel que jugará China, sobre las repercusiones para América Latina y sobre tantas y tantas cosas más.

Entre tanta sobreinformación, ruido y propaganda, poco espacio se va dejando para la vida de las personas, a los desplazamientos, a las personas refugiadas, y cuando esto aparece en las noticias, siempre es con el fin de conmover para luego decir cual es el bando “bueno”.

Entre tanto ruido, surge la palabra sencilla y honesta, la de los pueblos zapatistas que dicen “Alto a la guerra”, y nos recuerdan: “Quienes ganan en esta guerra son los grandes consorcios armamentistas y los grandes capitales que ven la oportunidad para conquistar, destruir/reconstruir territorios, es decir, crear nuevos mercados de mercancías y de consumidores, de personas”. Cuanta verdad hay en la palabra de esos pueblos que han vivido y viven en carne propia la guerra.

En un interesante texto escrito en 1999, el entonces vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) -el Subcomandante Insurgente Marcos-, explicaba que las características constantes de las guerras mundiales son: 1) la conquista de territorios y su reorganización, 2) la destrucción del enemigo y 3) la administración de la conquista. Así mismo, Marcos apuntaba que existían cuatro guerras mundiales: la primeria (1914-1918) y la segunda (1939-1945), por todos conocidas; la “Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría” (1945-1989), a la que describió como “una gran guerra mundial compuesta de muchas guerras locales” y la “Cuarta Guerra Mundial”.  Esta última tendría la característica de que es una guerra contra la humanidad y por la universalización del mercado: “Se destruyen los territorios y se despueblan. A la hora que se hace la guerra, se tiene que destruir el territorio, convertirlo en desierto. No por afán destructivo, sino para reconstruir y reordenar”.

Ya desde entonces lo zapatistas nos invitaban a mirar las que guerras que hay en el mundo, las guerras capitalistas entre las que hoy podríamos enumerar la guerra contra Palestina y el Kurdistán y contra los otros pueblos en Siria, la guerra contra el pueblo Mapuche; la guerra contra los pueblos originarios en todos los rincones del mundo y también la guerra contra las mujeres; la guerra contra la clase trabajadora y contra los pobres del mundo, la guerra contra la humanidad y la naturaleza. En resumen: una guerra al servicio del dinero y contra la Vida. Una guerra en la que siguen ganando los señores de la guerra y del dinero.

Exijamos el alto a las guerras capitalistas en todos los rincones y espacios que nos sea posible, para que mañana siga existiendo “quien dé cuenta del paisaje”.

Por Raúl Romero. Península 360 Press
@RaulRomero_mx

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