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martes, julio 28, 2026
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Crónica de una marcha en Los Ángeles: Justice for All

Por Martín Íñiguez Ramos. Península 360 Press.

El sábado 25 de julio asistimos como observadores no participantes —para respetar estrictamente las leyes migratorias del país— a la marcha convocada por diversas organizaciones de la sociedad civil estadounidense bajo el lema “JUSTICE FOR ALL” (From Houston to Maine to Los Angeles). El clamor principal: Justicia para Lorenzo, Justicia para Johan. 

Dos nombres que hoy forman parte de la desgarradora cifra de más de setenta personas fallecidas dentro de centros de detención; vidas que, en teoría, estaban bajo el cuidado y la custodia del Estado norteamericano. 

En la marcha convocada por diversas organizaciones de la sociedad civil estadounidense bajo el lema JUSTICE FOR ALL, el clamor principal fue: Justicia para Lorenzo, Justicia para Johan. 
El clamor principal: Justicia para Lorenzo, Justicia para Johan. 

Pero la peor pesadilla de esta tragedia, son las familias, quiénes quedan desgarradas, las mujeres viudas y los niños huérfanos y desamparados. Esta ola xenofóbica de deportaciones ha traído para millones de familia miedo, inseguridad del futuro y los niños las principales víctimas, la depresión, la angustia, ansiedad, insomnio son parte de esta cruel realidad.

El punto de encuentro fue el Ayuntamiento de Los Ángeles (City Hall, en el 200 N. Spring Street) para culminar en la histórica Placita Olvera, símbolo indiscutible de lucha y resistencia en California.

El calor era sofocante, pero el ánimo y la determinación de los asistentes superaban cualquier inclemencia del tiempo. Más del 70 por ciento de los presentes eran mujeres, muchas de ellas al frente de las distintas organizaciones convocantes. Entendí a la perfección el mensaje estampado en la camiseta de una de las lideresas —colega de una buena amiga a quien omito por seguridad, aun siendo ciudadana—:

"Las mujeres son peligrosas y poderosas." — Audre Lorde
“Las mujeres son peligrosas y poderosas.” — Audre Lorde

“Las mujeres son peligrosas y poderosas.”

— Audre Lorde

Con esa frase se resume no solo esta jornada, sino el motor de todos los movimientos sociales: no hay lucha ni resistencia sin las mujeres. Ocupan desde el núcleo familiar hasta la médula de las exigencias al Estado.

Cuando la emoción rebasa la razón

Eran cerca de las 17:30 horas cuando la marcha arrancó de forma sobrecogedora: varios ciudadanos estadounidenses cargaban féretros simulados. Intenté grabar el inicio con la cámara de mi teléfono, pero la crónica hablada se vio interrumpida por esa agua salada que brota de los ojos, recorre las mejillas y llega al paladar para recordarte que estás vivo.

varios ciudadanos estadounidenses cargaban féretros simulados
Varios ciudadanos estadounidenses cargaban féretros simulados

Tres veces intenté transmitir en vivo y describir la escena. Las tres veces me fue imposible.

Como profesor universitario dedicado al estudio de la migración, atestiguar cómo la propia sociedad norteamericana —anglosajones, afrodescendientes, latinos y personas de múltiples nacionalidades— se une en solidaridad con los más vulnerables, reafirma una certeza: el acto humano más poderoso para combatir el odio es el amor.

A ritmo de salsa, la agrupación musical que animaba el recorrido cantaba a coro: “Pueblo, únete; unidos haremos camino”. A cada paso, la marea humana crecía.

Memoria, vigilia y resistencia

Al llegar a la Placita Olvera, el ambiente se transformó en una vigilia profunda, llena de reflexión y calor humano. Se escucharon testimonios crudos de quienes han sufrido la violencia institucional. Uno de los oradores comparó certeramente a ICE con una de las pandillas más grandes y organizadas, pero financiada con recursos, armas y vehículos del propio Estado.

Fue un día agotador, no solo por el sol implacable, sino por la intensidad de las emociones. Al finalizar, como un gesto de gratitud, regalamos unos paliacates adquiridos en la Basílica de la Virgen de Guadalupe a la amiga que nos acompañó y a una abogada estadounidense dedicada a la defensa de los migrantes indocumentados.

Evitando los modismos altisonantes, solo me queda resumirlo con la honestidad del corazón: fue un día profundamente chingón.

En una próxima entrega hablaremos de las incansables luchadoras de Long Beach. Por ahora, solo queda decir: Gracias, mujeres angelinas; sin ustedes, simplemente no hay lucha ni resistencia.

Nota: Este pequeño artículo esta dedicado a mi hija, a quién su mamá y yo la hemos educado para ser una mujer del mundo, independiente y poderosa, luchando por la justicia y la verdad, no importa en que lugar del mundo viva. Te amamos.

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