
Por Araceli Martínez Ortega. ACoM. Península 360 Press.
OXNARD, California — La mañana del 18 de septiembre, cuando los primeros rayos de sol comenzaban a asomarse en el horizonte, María se dirigía a los campos de fresas de Oxnard, California. Viajaba en el auto de un amigo y apenas habían recorrido una cuadra desde su casa cuando el vehículo fue rodeado repentinamente por agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).
“Se acercaron tres o cuatro vehículos con hombres enmascarados a bordo. Nos hicieron señales con las luces para que nos orilláramos”, recordó María, de 35 años, quien pidió que solo se utilizara su nombre de pila por temor a represalias gubernamentales.
“Nos dijeron que buscaban a un hombre”, continuó. “Mi amigo les dijo que él no era la persona que buscaban, pero le exigieron que mostrara una identificación. Y cuando se dieron cuenta de que no tenía documentos, lo detuvieron de inmediato”.
“Mi mundo se vino abajo”
Oxnard, situada en el condado de Ventura, es una comunidad agrícola ubicada a una hora al norte de Los Ángeles. La ciudad , donde casi el 80% de los residentes se identifica como latino, alberga a una considerable población de trabajadores agrícolas migrantes; muchos de ellos, incluida María, pertenecen a la comunidad indígena mixteca de México. Gran parte de ellos carece de documentos migratorios.
María, madre soltera de cuatro hijos de 17, 12, 10 y 2 años, todos nacidos en Estados Unidos, llegó a Oxnard en 2007 tras dejar su hogar en Oaxaca, en el extremo sur de México.
Llevaba meses sin trabajar. Su amigo, el hombre detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), se había ofrecido a llevarla esa mañana a un campo cercano donde, según él, podría encontrar un empleo remunerado. Más tarde, mientras observaba nerviosa cómo los agentes esposaban a su amigo, María decidió alzar la voz en su defensa.
“¿Por qué se lo llevan si él no es a quien buscaban?”, reclamó. “En ese momento se volvieron hacia mí y dijeron que también me arrestarían por hacer preguntas y quejarme”, relató María.
En cuestión de segundos, María se vio esposada y subida a un vehículo diferente al de su acompañante. La unidad se dirigió rápidamente a una instalación del ICE en la cercana ciudad de Camarillo, situada a unas 10 millas al este de Oxnard.
Ese es el momento, dice María, en que su mundo se vino abajo.
De redadas masivas a detenciones selectivas
El encuentro de María con el ICE es emblemático de un cambio de táctica por parte de la agencia. En lugar de realizar redadas masivas de gran repercusión, como la ocurrida el año pasado en Camarillo que resultó en la muerte de un trabajador agrícola local, los agentes se centran cada vez más en detener a inmigrantes de forma individual en aeropuertos regionales, durante controles de estatus migratorio y en cárceles locales, entre otros lugares.
No obstante, a pesar de la pausa en el despliegue de grandes operativos del ICE en ciudades y pueblos de todo el país, las detenciones se sitúan en niveles récord, alcanzando la cifra sin precedentes de 51,000 en agosto, según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). California registra el tercer mayor número de detenciones del país, por detrás de Texas y Luisiana.
Un pequeño milagro
“No dejaban de preguntarme mi nombre y de dónde era. Yo no quería responder, pero insistían, así que señalé mi mochila y les dije que allí estaba mi tarjeta de matrícula consular (mexicana)”, contó María.
Una vez dentro de las instalaciones del ICE, siguió preguntando por qué la habían detenido. «
“¡Hablaste demasiado!”, fue la respuesta, según María. Los agentes del ICE añadieron: “Deberías haberlo pensado antes de alzar la voz para defender a tu amigo”.
Lo que más aterrorizó a María fue que los agentes le dijeron que pasaría los siguientes tres meses detenida antes de ser deportada a México.
“Rompí a llorar. Estaba aterrorizada pensando que nunca volvería a ver a mis hijos”, contó María. Les suplicó a los agentes que la llevaran de vuelta a casa. “’Te quedas aquí’, me repetían una y otra vez, y yo no podía dejar de llorar”.
Desde Camarillo, María fue trasladada posteriormente a un centro de procesamiento del ICE en Thousand Oaks, situado unas 16 millas más al este. Luego, siete horas más tarde, María dice que ocurrió algo parecido a un milagro.
Los agentes le quitaron las esposas de las muñecas y los grilletes de los tobillos. En su lugar, le colocaron un monitor electrónico en el tobillo. “También instalaron una aplicación en mi teléfono con los días y las horas en que vendrían a mi casa para supervisarme”, dijo, “y los días en que yo tendría que acudir a sus oficinas”.
María fue puesta en libertad, pero con una advertencia severa. “Si faltas a una cita o no cumples con todo lo que te pedimos, iremos no solo por ti, sino por toda tu familia. Los deportaremos a todos”, le dijeron.
Caza de inmigrantes
Laura Valdez. activista de VC Defensa, la red de respuesta rápida del condado de Ventura. conoció a María justo cuando la inmigrante oaxaqueña fue liberada del centro del ICE en Thousand Oaks.
“Vive en un complejo de apartamentos densamente poblado por personas de los estados mexicanos de Oaxaca y Guerrero, un lugar que está en la mira de Migración”, explicó. “Está cercado, así que los agentes no pueden entrar. En cambio, pasan el tiempo merodeando por la zona, esperando a que salgan los inmigrantes para cazarlos. Hace tres meses se llevaron a cuatro hombres y a una mujer. A ella la liberaron más tarde porque estaba amamantando”.
Valdez añadió: “Tenemos vigilantes en todos los barrios y a veces logramos detener los secuestros que lleva a cabo el ICE… pero incluso cuando recibimos una alerta, como en el caso de María, a veces terminan siendo detenidos”.
Un triunfo y un llamado a la acción
Juan José Gutiérrez, quien forma parte del grupo defensor Coalición por los Derechos Plenos de los Inmigrantes, con sede en Los Ángeles, habló con María como parte de una iniciativa para ayudarla a obtener asistencia legal poco después de su liberación, la cual calificó de “excepcional”.
“Tal vez se apiadaron de ella por ser una mujer indígena, por no hablar bien español, por tener cuatro hijos y porque no dejó de llorar desde el momento en que fue detenida hasta que la liberaron”, señaló Gutiérrez.
“Y aunque la liberaron con un grillete electrónico en el tobillo y la obligación de acudir a citas constantes con las autoridades migratorias, fue un triunfo para ella y su familia”, añadió.
Sin embargo, advirtió que las detenciones continuarán a menos que la comunidad se alce con mayor firmeza en defensa de los inmigrantes.
“No hemos respondido con la energía que merece el momento que vivimos”, afirmó categóricamente.
This story was produced as part of “Aquí Estamos/Here We Stand,” a collaborative reporting project of American Community Media exploring the impact of Trump Administration’s war on immigrants in communities across California.
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Esta historia fue producida como parte de «Aquí Estamos/Here We Stand», un proyecto de reportaje colaborativo de American Community Media que explora el impacto de la guerra de la Administración Trump contra los inmigrantes en comunidades de toda California.
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