Friday, October 9, 2026

Arte y cultura toman el centro para preservar la memoria México-americana

Cultura y comunidad, tercer panel del Foro II Con-ALMA 2026, donde artistas, investigadores y promotores culturales analizaron la capacidad de las expresiones creativas para preservar la memoria México-americana
“Cultura y comunidad”, tercer panel del Foro II Con-ALMA 2026, donde artistas, investigadores y promotores culturales analizaron la capacidad de las expresiones creativas para preservar la memoria México-americana. Foto: cortesía ALMA

Cuando la historia mexicoamericana desaparece de las aulas, el arte, la música, los archivos familiares y el trabajo comunitario dejan de ser complementos para convertirse en caminos indispensables de preservación y resistencia.

Esa fue una de las principales reflexiones de “Cultura y comunidad”, tercer panel del Foro II Con-ALMA 2026, donde artistas, investigadores y promotores culturales analizaron la capacidad de las expresiones creativas para recuperar historias, fortalecer la identidad y abrir espacios para niños y jóvenes.

La mesa reunió a la artista visual Yazmin Belcerra, la pianista Silvia Santinelli, la autora e investigadora Edna Campos Gravenhorst y el pintor y músico Joao Quiroz, integrante de Blue Star Arts Complex.

Al comenzar la conversación, los participantes recordaron que las palabras empleadas para definir a una persona —mexicana, mexicoamericana, chicana, latina o tejana— dependen de su historia, lugar de nacimiento, generación y relación con la comunidad.

Santinelli explicó que la identidad no permanece fija, sino que se construye mediante los papeles que cada individuo desempeña dentro de diferentes contextos colectivos.

“No es estático este significado de identidad”, señaló al definirla también como “una memoria histórica y un futuro que vamos a compartir”.

La pianista abordó la forma en que compositores mexicanos han incorporado sones, ritmos populares y referencias prehispánicas a la música académica, creando obras capaces de proyectar una identidad nacional dentro de un lenguaje universal.

Ese intercambio continúa en Estados Unidos mediante autores que combinan influencias mexicanas, chicanas y estadounidenses sin considerar que alguna deba mantenerse aislada, explicó.

Santinelli mencionó la obra de compositores que recurren al son, la cumbia chicana, el pop, el rock y otros lenguajes musicales para expresar una realidad construida entre distintas tradiciones.

Durante la mesa también se habló de la música tejana y el conjunto, expresiones surgidas del encuentro entre instrumentos, ritmos y comunidades que transformaron sus diferencias en una sonoridad propia.

Yazmin Belcerra llevó la conversación a las artes visuales y a la responsabilidad de quienes crean murales, esculturas, pinturas y proyectos públicos dentro de una comunidad marcada por la presencia mexicana.

“Mi responsabilidad como artista ha sido abrir esos espacios para mostrar nuestra cultura”, afirmó.

Belcerra relató la experiencia de una exposición dedicada a las raíces y la cultura mexicana, concebida no como un recorrido convencional por una sala, sino como una narrativa construida mediante pintura, música, escritura y una obra colectiva.

La artista explicó que su intención era mostrar la diversidad de expresiones y sentimientos que conforman a México, especialmente a quienes no tienen la oportunidad de viajar o crecer cerca de esa cultura.

“Como mexicana, creo que es importante expresar a las generaciones, dejar un legado de lo que es México, porque no todo el mundo tiene la oportunidad de viajar, de crecer y de ver México con su belleza”, señaló.

Belcerra destacó además el valor del arte público para acercar la historia a niños y jóvenes, crear referentes visibles y mostrar la diversidad cultural de San Antonio a sus habitantes y visitantes.

“El arte marca, el arte deja huella”, resumió.

La conversación pasó después de las artes visuales a la memoria histórica, un terreno en el que Campos Gravenhorst ha documentado experiencias de segregación y la presencia de familias mexicanas en Texas.

La escritora recordó que durante su infancia su madre intentó inscribirla en una institución donde le respondieron que no aceptaban mexicanos, una experiencia que permaneció en su memoria como evidencia de las barreras enfrentadas por su comunidad.

Campos Gravenhorst explicó que durante años las historias mexicoamericanas fueron presentadas como si carecieran de valor, mientras los relatos de la población blanca ocupaban el centro de los libros, los archivos y los museos.

“Nosotros tenemos la responsabilidad de decir las historias de nosotros, porque cuando le damos esa responsabilidad a otras gentes, ellos no vivieron la experiencia que tenemos nosotros”, expresó.

La investigadora llamó a las familias a conservar fotografías, documentos, testimonios orales y archivos personales, así como entregarlos a instituciones capaces de resguardarlos para las siguientes generaciones.

“Nuestra historia finalmente tiene valor”, afirmó al rechazar que las comunidades mexicoamericanas deban continuar relegadas a los márgenes del relato estadounidense.

Joao Quiroz abordó el origen cotidiano del arte mexicoamericano, nacido no necesariamente de las instituciones o de las grandes colecciones, sino de aquello que las familias migrantes lograron llevar consigo.

Quienes cruzaron la frontera no transportaron museos completos, pero sí molcajetes, recetas, imágenes, música, recuerdos y objetos domésticos que posteriormente aparecieron en las obras de sus hijos y nietos.

“Uno pinta lo que tiene y uno pinta lo que no tiene. Uno hace canciones de lo que tiene”, reflexionó.

Quiroz sostuvo que una obra no debe valorarse únicamente mediante criterios técnicos o institucionales, sino también por su capacidad para activar la memoria y provocar una reacción en quien la observa.

“El arte no está en el cuadro”, afirmó al explicar que la experiencia artística sucede en la mirada, la mente y el corazón de quien encuentra algo capaz de conmoverlo.

Durante la conversación intervino también Diego Martínez, quien compartió su experiencia en el diseño y la operación de políticas de cultura comunitaria en México.

Para lograr una transformación duradera, señaló, resulta necesario atender las causas de la violencia y no únicamente sus consecuencias, lo cual implica colocar el arte y la cultura en el centro de las políticas públicas.

“La paz no se alcanza pensando en que la cultura y el arte están en la periferia”, afirmó al rechazar la idea de que la seguridad dependa exclusivamente de policías, leyes y castigos.

Martínez explicó que el trabajo comunitario no debe partir de la suposición de que las instituciones llevan cultura a sitios donde no existe, pues cada comunidad posee conocimientos, celebraciones y prácticas propias.

“La fuente de la cultura son las personas, no venimos a llevar nada, sino simplemente a visibilizar algo que ya existe ahí”, sostuvo.

Como ejemplo mencionó un modelo desarrollado en la Montaña Alta de Guerrero, donde adultos y niños recuperan juegos solicitados por la propia comunidad y los utilizan para transmitir conocimientos, confianza, tolerancia, solidaridad y derechos humanos.

También habló de los Semilleros Creativos, talleres que recurren a la pintura, la danza, el teatro y otras disciplinas de acuerdo con las fortalezas de cada localidad.

La conversación avanzó hacia una preocupación compartida: la dificultad de las nuevas generaciones para conocer su historia cuando las escuelas no la enseñan y las pantallas ocupan una parte creciente de su vida cotidiana.

Los participantes señalaron que algunos jóvenes reconocen la imagen de Frida Kahlo, consumen alimentos vinculados con México o participan en festivales culturales, pero desconocen el origen y la historia de aquello que observan.

El público preguntó qué alternativas existen para acercar el arte a niños y adolescentes de San Antonio, frente a lo cual se mencionaron los programas de Guadalupe Cultural Arts Center, San Anto Cultural Arts, San Antonio College y otras iniciativas dedicadas al mariachi, el teatro, el cine, los murales, la música clásica y la ópera.

La discusión produjo además una propuesta para impulsar talleres juveniles dentro del nuevo centro cultural, donde los participantes puedan explorar materiales y lenguajes artísticos sin limitarse a copiar modelos establecidos.

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Pamela Cruz
Pamela Cruz
Editor-in-Chief of Peninsula 360 Press. A communications expert by profession, but a journalist and writer by conviction, with more than 10 years of experience in the media. Specialized in medical and scientific journalism by Harvard and winner of the International Visitors Leadership Program scholarship from the U.S. government.

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