Thursday, October 8, 2026

Casa, cocina y memoria sostienen la identidad binacional México-americana

Identidad binacional en casa fue el eje central del Foro II Con-ALMA 2026 en el que la cocina, el lenguaje, la educación y la convivencia son parte escencial para mantener los vínculos con México.
Identidad binacional en casa fue el eje central del Foro II Con-ALMA 2026 en el que la cocina, el lenguaje, la educación y la convivencia son parte escencial para mantener los vínculos con México. Foto: cortesía ALMA

Antes de convertirse en una categoría política, social o académica, la identidad mexicoamericana comienza a formarse dentro del hogar, entre recetas heredadas, palabras pronunciadas en dos idiomas, celebraciones familiares y relatos que permiten a hijos y nietos reconocerse en una historia anterior a ellos.

Ese fue el eje de “La identidad binacional en casa”, segundo panel del Foro II Con-ALMA 2026, en el que la cocina, el lenguaje, la educación y la convivencia aparecieron como algunas de las principales herramientas para mantener los vínculos con México.

La mesa reunió a la chef Lizzeth Martínez, la artesana Edna Lugo Martínez, el empresario Ricardo Ríos, Rubén Linder, director ejecutivo de OPCOM Media Group, y Gabriel Quintero, presidente de Avenida Guadalupe Association, bajo la moderación de Nora Preciado, cofundadora y codirectora ejecutiva de MAPA.

Martinez, criada en la zona fronteriza de Nuevo Laredo, explicó que la cocina tradicional no puede entenderse únicamente como una colección de recetas, porque alrededor de cada platillo sobreviven historias, celebraciones, afectos, regiones y formas de relacionarse con la familia.

México posee una diversidad gastronómica tan amplia que una preparación familiar puede cambiar completamente de una región a otra, señaló, sin dejar por ello de formar parte de una misma herencia.

“Poder heredar, no nada más un platillo o una receta en particular, sino lo que significa cocinar, lo que significa hacer tamales”, expresó.

Para la chef, preparar tamales no se reduce al procedimiento culinario, pues también implica organizarse, reunirse, conversar y compartir un alimento vinculado con momentos y personas específicas.

“Puedes heredar cultura no nada más en la receta, sino cómo se celebra, cuándo lo usas, cuándo lo compartes y con quién”, sostuvo.

Esa relación entre comida y memoria recorrió buena parte del panel, donde los participantes recordaron recetas transmitidas por madres y abuelas, celebraciones del Día de Muertos y viajes que permitieron a hijos nacidos en Estados Unidos conocer otros sabores y formas de convivencia.

Gabriel Quintero llevó la conversación hacia los barrios mexicanos de San Antonio, donde la cultura sobrevivió durante décadas a la segregación y a políticas educativas que castigaron el uso del español.

Quintero relató que sus abuelos hablaban español, mientras dentro de su casa predominaba el inglés debido, en buena medida, a las experiencias vividas por sus padres dentro del sistema escolar.

“Mi mamá y mi papá no les dejaban hablar español en la escuela”, recordó.

La ruptura lingüística provocada por aquellas prohibiciones no eliminó por completo el vínculo con sus raíces, pues la música, las reuniones familiares y la convivencia con sus abuelos le permitieron recuperar parte del idioma.

“En la casa de mis abuelos, puro español; en mi casa, puro inglés”, señaló al describir la distancia abierta entre dos generaciones de una misma familia.

Quintero sostuvo que fortalecer la identidad de un barrio también requiere crear condiciones para que sus habitantes accedan a educación, movilidad, oportunidades económicas e independencia, pues la cultura difícilmente puede conservarse cuando las familias son desplazadas o viven permanentemente en condiciones de vulnerabilidad.

Edna Lugo Martínez compartió la experiencia de una familia que llegó a San Antonio en 2019 y debió reconstruir su entorno sin abandonar por completo aquello que había dejado atrás.

La artesana Edna Lugo Martínez mostró que la migración afecta a cada miembro de la familia que deben interpretar un mundo nuevo mientras conservan los vínculos con el anterior. Foto: cortesía ALMA

La artesana habló sobre el efecto de la migración en los hijos, quienes también deben separarse de amistades, costumbres y espacios conocidos mientras intentan encontrar un lugar dentro de una sociedad diferente.

Su participación mostró que la migración no afecta exclusivamente a quien toma la decisión de partir, sino también a niños y adolescentes obligados a interpretar un mundo nuevo mientras conservan los vínculos con el anterior.

Ruben Linder centró su intervención en la comunicación y en la competencia que enfrentan las familias ante los mensajes que llegan diariamente mediante teléfonos, redes sociales y otras pantallas.

“Lo que se comunica en casa, desde mi punto de vista, es mucho más importante”, afirmó.

Linder consideró que, cuando una familia expresa claramente sus valores, su historia y su identidad, los mensajes exteriores pueden ser entendidos como ruido, pero ocurre lo contrario cuando esos referentes no existen dentro del hogar.

El comunicador también reflexionó sobre su propia identidad, marcada por su formación mexicana, sus raíces colombianas y la experiencia de vivir en Estados Unidos.

“Soy todo y soy nada. Estoy flotando”, expresó al describir una condición que, lejos de considerar una carencia, le permite desplazarse entre distintas conversaciones y contextos culturales.

Ricardo Ríos habló sobre la transformación vivida por su familia después de establecerse en San Antonio y la manera en que sus hijos conservaron prácticas mexicanas mientras aprendían a desenvolverse dentro del sistema educativo y profesional estadounidense.

Las comidas familiares, las visitas a México, la cercanía con los abuelos y la participación en organizaciones vinculadas con el país permitieron que la identidad continuara presente aun cuando cada integrante tomó caminos distintos.

El panel examinó también las tensiones entre generaciones, especialmente cuando hijos y nietos ya no hablan español, cuestionan determinadas tradiciones o desarrollan una relación con México diferente a la de sus padres.

Los participantes coincidieron en que esa transformación no representa necesariamente una pérdida cultural, pues una cultura que no se adapta corre el riesgo de permanecer inmóvil, como un objeto de museo, en lugar de continuar viva.

La enseñanza, señalaron, debe surgir del ejemplo, el afecto y la convivencia, no de la imposición de reglas que conviertan la identidad en una obligación.

Al finalizar, Preciado sintetizó las experiencias compartidas mediante una frase que recorrió el resto del encuentro: “La identidad mexicoamericana es multiplicación, no división”.

Desde esa perspectiva, hablar inglés no borra el origen mexicano, aprender español después de la infancia no vuelve menos auténtica a una persona y crecer en Estados Unidos no obliga a renunciar a las historias familiares.

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Pamela Cruz
Pamela Cruz
Editor-in-Chief of Peninsula 360 Press. A communications expert by profession, but a journalist and writer by conviction, with more than 10 years of experience in the media. Specialized in medical and scientific journalism by Harvard and winner of the International Visitors Leadership Program scholarship from the U.S. government.

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