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Tuesday, August 25, 2026
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La Doctrina del Shock y la “Doctrina Donroe”: El laboratorio de crisis en Venezuela y Colombia

Cuando una sociedad sufre un impacto traumático e incalculable, la conmoción colectiva paraliza la capacidad de respuesta y cuestionamiento social. En su obra fundamental, Naomi Klein expone cómo el “capitalismo del desastre” aprovecha este estado de desorientación masiva para reconfigurar el poder e imponer reformas de mercado o intervenciones geopolíticas que en condiciones normales serían inaceptables. 

Este trauma colectivo opera como un anestésico social: ante la urgencia de la crisis, las defensas críticas de la población se debilitan, lo que permite a las élites políticas y económicas ejecutar transformaciones profundas sin enfrentar la resistencia habitual. El miedo y la incertidumbre abren la puerta a que el autoritarismo se presente no como una imposición, sino como la única vía de orden y salvación.

Hoy presenciamos una aplicación directa de este mecanismo en la región norte de Sudamérica, donde las catástrofes naturales se entrelazan con el avance de una renovada Doctrina Monroe (rebautizada informalmente en los círculos del Pentágono como la “Doctrina Donroe”) para afianzar el control hegemónico hemisférico (Stacey y Doncel, 2026).

El Virreinato de Venezuela y la tragedia tras el sismo

El panorama regional muestra sus signos más agudos tras la captura de Nicolás Maduro y el establecimiento de lo que puede catalogarse como un virreinato de Venezuela. Bajo este esquema, la gestión política y financiera del país se coordina a distancia por WhatsApp entre Washington y Caracas, al tiempo que el departamento del Tesoro estadounidense administra los ingresos petroleros mediante asignaciones condicionadas, como señalan Tyler Pager y Anatoly Kurmanaev para el New York Times en la nota titulada “Cómo Marco Rubio dirige Venezuela desde la distancia”.

La situación política se convirtió en la antesala del desastre de terremotos y la amenaza de El Niño. La devastación de estos desastres proyecta un escenario crítico de desabastecimiento e inflación de alimentos hacia los próximos años para Venezuela y Colombia (entre otras regiones).

La crisis física derivó rápidamente en un colapso forense y social. Como se analiza en reportes de Univisión, y de Florantonia Singer para El País, la desorganización en morgues improvisadas provocó la mezcla y pérdida de cuerpos, al tiempo que se encendieron las alarmas por la desaparición de niños rescatados de los escombros y el riesgo de redes de trata infantil.

Esta combinación de catástrofes naturales y colapso institucional no solo expone la fragilidad de la vida cotidiana, sino que aumenta la condición de vulnerabilidad de la población. Cuando el Estado pierde la capacidad de garantizar la dignidad mínima en la muerte y la protección de la infancia, la crisis humanitaria se convierte en el escenario ideal para la consolidación de modelos de intervención extranjera y la pérdida definitiva de la autonomía nacional.

Esta ruptura del tejido comunitario deja ver cómo la infraestructura destinada al comercio y turismo cambió para responder únicamente al entierro o la supervivencia, llevando a preguntarnos: ¿Cómo renacer cuando continúa la agonía? Entre escombros y protestas de familias que se niegan a abandonar los sitios de búsqueda, el dolor colectivo convive con la imposición de una narrativa oficial de reconstrucción.

La Doctrina del Shock en Colombia: De las urnas a la catástrofe

El patrón de la conmoción como mecanismo de neutralización política se trasladó de inmediato a territorio colombiano. La agitación posterior a las elecciones presidenciales de agosto de 2026 quedó congelada de la noche a la mañana. El candidato conservador Abelardo De La Espriella obtuvo la victoria por una diferencia cercana a los 250.000 votos (Suárez y Rueda, 2026, 3 de agosto). 

Un margen tan estrecho en una contienda altamente polarizada suele desencadenar períodos prolongados de inspección, impugnaciones legales y movilización social. La diferencia tan pequeña del resultado exigía una revisión minuciosa para consolidar la confianza institucional; sin embargo, el impacto inesperado de una emergencia nacional transformó drásticamente las prioridades del debate público.

Para dimensionar este margen, 250.000 personas equivalen a llenar tres veces la capacidad del icónico Estadio Maracaná. Pese a las severas denuncias de irregularidades en el software electoral y los cuestionamientos sobre la interferencia estadounidense, el debate sobre la legitimidad del proceso perdió espacio mediático tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente del país el 10 de agosto.

Ante la magnitud de los colapsos en Cali, Pereira y Chocó, la exigencia de auditoría electoral cedió ante la demanda de auxilio inmediato. La paradoja del shock se evidencia en las declaraciones del alcalde de Bogotá y figura de oposición, Carlos Fernando Galán, quien resumió la postura dominante al señalar que “Ahora es un momento de solidaridad” (Turkewitz et al., 2026).

Bajo esta atmósfera de dolor colectivo, cuestionar factores tan críticos como la ciudadanía estadounidense de Abelardo De La Espriella o su juramento de lealtad a una potencia extranjera parece presentarse, ante la opinión pública, como un reparo insensible o fuera de lugar. Sin embargo, no es un asunto menor que un ciudadano estadounidense asuma la jefatura de Estado de una nación que se proclama libre y soberana.

En semejante contexto de emergencia, el nuevo gobierno autorizó el despliegue de operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en suelo nacional e integró al país al Escudo de las Américas. Como reportan Diego Stacey y Luis Doncel (2026) en El País, este anuncio generó un inmediato debate constitucional sobre la soberanía nacional y la autorización parlamentaria para el tránsito de tropas extranjeras.

La “Doctrina Donreo” ya no son solo palabras, con la integración de distintos países de la región al “Escudo de América”, la visión de la actual administración estadounidense se cristaliza con gobiernos conservadores aliados en la región.

De la ansiedad informativa a la acción reflexiva desde casa

Frente a la constante exposición a imágenes de escombros, pérdidas humanas y crisis geopolíticas, es completamente natural experimentar agotamiento emocional, impotencia o saturación. El consumo ininterrumpido de tragedias suele activar mecanismos de defensa que llevan a las personas a desconectarse o afirmar que prefieren no saber nada para proteger su salud mental.

Sin embargo, la evasión no elimina la realidad. La propuesta central reside en transformar la frustración en una empatía útil y adoptar un periodismo de soluciones. La desconfianza hacia el destino de los recursos no debe ser un pretexto para la inacción o el cinismo pasivo; por el contrario, debe motivar la fiscalización e investigación independiente desde casa.

Existen canales directos y verificables para encauzar el apoyo a la población afectada:

Cáritas de Venezuela: Organización con red de atención médica y comunitaria que publica abiertamente sus estructuras directivas en su portal web para permitir la auditoría ciudadana. Al entrar en https://caritasvenezuela.org/ cualquiera puede revisar el organigrama de la organización para conocer a sus encargados antes de darle al botón de donaciones.

Alimenta la Solidaridad: Red enfocada en la nutrición infantil mediante comedores gestionados por las propias comunidades. En su portal https://www.alimentalasolidaridad.org/ es posible ver en el apartado de “¿quiénes somos?” su historia y organización para estar convencido al momento de dar clic en “Dona Ahora”

ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia): Plataforma institucional que coordina la logística de ayuda humanitaria y rescate alimentario en zonas de desastre en Colombia.

Cada persona mantiene la libertad y responsabilidad de investigar y seleccionar la organización de su preferencia para verificar sus organigramas y esquemas de transparencia. Asumir una solidaridad informada permite supervisar la ayuda, contrarrestar la parálisis que produce la sobreinformación y proteger la propia salud mental al convertir la angustia en una acción consciente y útil.

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Alfonso Ortiz
Alfonso Ortiz
Es estudiante de la Licenciatura en Psicología por la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC). Está interesado en la investigación del comportamiento social, la psicología organizacional y el impacto de los fenómenos de masas en la dinámica colectiva.