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lunes, diciembre 5, 2022

Arraigadas desigualdades estructurales en comunidades latinas

latinas

El futuro de EU está ligado a la educación, la salud y el bienestar económico de las latinas, concluye un estudio realizado por la Asociación Estadounidense de Mujeres Universitarias (AAUW, por sus siglas en inglés).

Su creciente presencia seguirá cambiando la demografía, impulsará la economía y cambiará las elecciones futuras.

Pero a pesar de que sus contribuciones impulsan la economía nacional, muchos ven poco retorno por su trabajo. Más de la mitad de las latinas son estadounidenses de segunda, tercera y cuarta generación, pero las desigualdades estructurales profundamente arraigadas en educación, salud y economía limitan la capacidad de las latinas para crear riqueza generacional, subraya el texto.

Y es que, cada vez son más las latinas que se gradúan de la escuela secundaria y la universidad, pero aún se les niega el acceso a oportunidades educativas de alta calidad. 

Los latinos en su conjunto aportaron 2.6 billones a la economía de los EU en 2019, pero las latinas ganan 55 centavos por cada dólar que ganan los hombres blancos no hispanos. 

La COVID-19 ha tenido un impacto particularmente devastador entre las latinas: el 21 por ciento perdió su trabajo en los primeros días de la pandemia; casi una cuarta parte de ellas carece de seguro médico y sólo el 16 por ciento tiene la oportunidad de trabajar desde casa.

COVID-19 y su impacto en las latinas

La pandemia de COVID-19 ha sido especialmente difícil para las latinas. Además de las obligaciones de cuidado que las ha llevado a dejar la fuerza laboral tres veces más que las mujeres blancas no hispanas, es más probable que pierdan sus trabajos y menos probable que reciban un seguro de desempleo, señala el estudio.

Casi 3 de cada 10 (28.3 por ciento) trabajan en un empleo de primera línea.

Entre febrero y mayo de 2020, las latinas sufrieron una mayor caída en el empleo que cualquier otro grupo de hombres o mujeres. El 21 por ciento perdió su trabajo  durante este periodo, en comparación con el 15 por ciento de los hombres latinos, el 13 por ciento de las mujeres blancas no hispanas y el 9 por ciento de los hombres blancos no hispanos.

En enero de 2021, todavía había 633 mil latinas menos en la fuerza laboral que en febrero de 2019, en comparación con 241 000 hombres latinos menos.

El estudio también destaca que las latinas tienen más probabilidades de estar desempleadas porque están sobrerrepresentadas en los sectores de servicios, hotelería y ocio que fueron devastados por el COVID-19, en tanto, las personas indocumentadas, incluidas las latinas, han sufrido incluso más que las que son ciudadanas estadounidenses. 

Las latinas indocumentadas trabajaron durante la pandemia, la mayoría de las veces como trabajadores esenciales. Sin embargo, la Ley de Seguridad Económica y Alivio de Ayuda por Coronavirus del gobierno federal de 2020 ‒Ley CARES‒ excluyó a los inmigrantes indocumentados, negando a estos contribuyentes el acceso al seguro de desempleo y beneficios en efectivo.

Y en las familias de estatus mixto, el hecho de que una persona indocumentada presente la declaración de impuestos junto con un cónyuge ciudadano o residente legal resultó en la descalificación de toda la familia para recibir asistencia en efectivo.

En marzo de 2021, los latinos tenían una tasa de hospitalizaciones por COVID-19 3.1 veces mayor que la de los estadounidenses blancos no hispanos y una tasa de muertes por COVID-19 2.3 veces mayor.

California y Texas tienen las poblaciones latinas más grandes, con 7.7 millones y 5.7 millones de latinas, respectivamente. Florida, Nueva York, Arizona e Illinois tienen cada una más de un millón de latinas. Juntos, estos seis estados albergan al 68.2 por ciento de todas las latinas que viven en los Estados Unidos.

La gran mayoría de las latinas en EE. UU. son de origen mexicano (62 por ciento). El resto de la población es de origen puertorriqueño (8.7 por ciento), cubano (4.1 por ciento), centroamericano (8.9 por ciento), sudamericano (6.8 por ciento) u otro origen latino (9.5 por ciento).

Las latinas son jóvenes: el 34 por ciento tiene entre 0 y 19 años, frente al 20 por ciento de mujeres blancas no hispanas. Sólo el 9 por ciento de las latinas está en edad de jubilarse, en comparación con el 22 por ciento de las mujeres blancas no hispanas.

Se estima que el 27 por ciento de todas las mujeres en los Estados Unidos serán latinas para el 2060.

Educación y latinas

Las latinas han logrado avances significativos en el logro educativo en las últimas dos décadas. Este desarrollo es prometedor porque, en general, una mayor educación se correlaciona tanto con mayores ingresos como con menor desempleo. Sin embargo, este progreso viene con advertencias: en las mujeres latinas las tasas de graduación aún están por debajo de las de otros grupos demográficos, y la educación universitaria no es una panacea cuando se trata de salarios justos.

Las latinas tienen la tasa más alta de deserción escolar de todas las razas/etnias de mujeres, excepto las mujeres indias americanas/nativas de Alaska. Entre 2000 y 2019, la proporción de latinas de 25 años y mayores que habían obtenido un diploma de escuela secundaria o superior aumentaron en un 26.6 por ciento. 

En tanto, entre 2000 y 2019, la proporción de latinas de 25 años o más que obtuvieron una licenciatura o un título superior casi se duplicó.

Así, en 2019, más de 1.1 millones de latinas (5.7 por ciento) tenían títulos avanzados.

 Si bien el logro educativo reduce la brecha salarial, las latinas con mayores grados todavía ganan menos que los hombres blancos no hispanos con títulos de licenciatura, por lo que está claro que la educación no es una panacea para la desigualdad estructural.

Participación laboral y brecha salarial de género

Las latinas en EU son relativamente jóvenes y se están uniendo a la fuerza laboral en cantidades cada vez mayores, rasgos que pueden ayudar a contrarrestar la salida más amplia de mujeres y baby boomers de la fuerza laboral. 

Sin embargo, la discriminación y los prejuicios basados ​​en raza, origen étnico, sexo y estado migratorio se han cruzado para llevarlas a ocupaciones con salarios más bajos y justos por su trabajo, subraya el análisis.

Durante las últimas dos décadas, la participación de las latinas en la fuerza laboral ha aumentado de forma lenta pero constante, del 55.9 por ciento en 1999 al 57.7 por ciento en 2019.

Desde 2007, la cantidad de propietarias de pequeñas empresas latinas aumentó más rápido que cualquier otro segmento racial o étnico, lo que representa una tasa de crecimiento del 172 por ciento. Las 400 empresas propiedad de latinas que se lanzan diariamente generan 97 mil millones de dólares al año.

En 2019, las latinas ganaron un promedio de 32 mil 470 dólares, solo el 55 por ciento de lo que ganaban los hombres blancos no hispanos y el 81 por ciento de lo que ganaban los latinos. Al ritmo de cambio actual, la brecha salarial entre las latinas y los hombres blancos no hispanos no se cerrará hasta el año 2451.

«Los bajos salarios, combinados con la recesión económica causada por la pandemia de COVID-19, han expuesto aún más la vulnerabilidad económica de las mujeres en ocupaciones relacionadas con los servicios y salarios bajos. Las mujeres, y las latinas en particular, han experimentado las mayores pérdidas de empleo, un hecho que probablemente amplíe la brecha salarial en el futuro, sentencia el documento.

Parte de esta brecha salarial se debe a la segregación ocupacional. 

Las latinas están sobrerrepresentadas en ocupaciones de servicios mal remunerados: tienen el doble de probabilidades de trabajar en este tipo de trabajos que las mujeres blancas no hispanas. 

Además, están subrepresentadas en ocupaciones bien remuneradas de administración, negocios y operaciones financieras, pues una de cada cinco mujeres blancas trabaja en estas ocupaciones en comparación con casi una de cada ocho mujeres latinas.

Aunque las tasas han disminuido, un número significativo de latinas y sus familias tienen inseguridad económica y se ven afectadas de manera desproporcionada por la pobreza. En 2018, el 18 por ciento de ellas vivían en la pobreza.

Las latinas sufrieron enormes pérdidas de empleo desde el comienzo de la pandemia. Una de cada cinco latinas (20.2 por ciento) estaba desempleada en abril de 2020. Aunque las tasas de desempleo han disminuido desde entonces, las latinas todavía tenían una tasa de desempleo del 7.3 por ciento en marzo de 2021.

Cabe resaltar que las latinas son más propensas a trabajar en trabajos con horarios irregulares y horas reducidas.

Acceso a la salud

Las latinas tienen más probabilidades de no tener seguro que las mujeres en casi cualquier otro grupo demográfico.

El estatus migratorio también afecta el acceso de las latinas al seguro médico patrocinado por el empleador. Las madres latinas nacidas en los EE. UU. tenían más probabilidades ‒56 por ciento‒ de tener acceso a un seguro de salud patrocinado por el empleador, en comparación con el 42 por ciento de las madres latinas nacidas en el extranjero.

Participación política

Con su población en constante aumento y las tasas crecientes de participación electoral, las latinas se han convertido en un poderoso grupo de votantes.

A partir de 2019, el 79.3 por ciento de las que viven en EU son ciudadanas estadounidenses. 

Y es que, el número de votantes latinos aumentará dramáticamente en las próximas décadas. Un millón de latinoamericanos cumplirán 18 años cada año durante al menos las próximas dos décadas, y el 94 por ciento de los latinos de 18 años o menos nacieron en la unión americana.

Las latinas asisten en mayor número que sus contrapartes masculinas a las urnas: el 50 por ciento de las latinas elegibles votaron en las elecciones intermedias de 2016, en comparación con el 45 por ciento de los latinos elegibles.

Las latinas votan más que los latinos por candidatos demócratas, una preferencia que fue evidente en varios estados indecisos en las elecciones presidenciales de 2020. 

Las encuestas de Voto Latino encontraron que las latinas son más propensas a apoyar a los candidatos que piden igualdad salarial, asequibilidad universitaria, licencias ‒ausencia laboral solicitada‒ pagadas y derechos reproductivos.

Te puede interesar: Deudas estudiantiles afectan más a mujeres que a hombres en EE.UU.

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