
El brote de ébola en la República Democrática del Congo y la vecina Uganda se ha convertido rápidamente en una de las crisis del virus más propagadas. Ante esto, expertos se muestran preocupados por la falta de información y acciones para reducir el impacto entre las comunidades.
“Algunas personas ven el ébola como algo real, pero otros no ven nada”, dijo Pamela Asobo Anchan, redactora y editora de la revista Immigrant Magazine, durante una sesión informativa realizada por American Community Media (ACoM).
Anchan habló con varios líderes comunitarios, notando que han subestimado la realidad del virus, pues no creen que sea real o simplemente no es un tema preocupante en sus agendas.
Al acercarse a una organización en busca de apoyo, se encontró que en Estados Unidos no existe una estructura que esté apoyando de manera internacional, sino que de manera local cada persona ha buscado la forma de ayudar a familiares y amigos.
“Yo hablo desde la diáspora africana y en general no veo que hablen tanto de esto, incluso los líderes comunitarios no quieren hablar mucho y me sorprende”, dijo Pamela Asobo Anchan.
Aunque algunos no ven el riesgo, la realidad es otra, pues a mediados de junio de 2026, la Organización Mundial de la Salud había reportado casi 700 casos confirmados y más de 130 muertes.
Por su parte, el doctor William Schaffner, profesor de medicina preventiva y enfermedades infecciosas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt, dijo que el virus se mantiene en su estado salvaje.
Esto quiere decir que se encuentra entre los animales circulando en la naturaleza, que al entrar en contacto con la sangre de murciélagos los humanos reciben este virus, pero también explicó que un murciélago puede morder una fruta, entonces alguien llega y se la come, adquiriendo el virus.
Puntualizó que “el intervalo entre la exposición y la enfermedad puede ser de días o semanas; la fiebre es muy característica y después una serie de síntomas no específicos como dolor de cabeza, mareo, pérdida de apetito, entre otros; se puede contagiar, pero no durante el periodo de incubación”.
El doctor comentó que las personas que se enferman presentan diarrea, vómito y sangrados, este tipo de fluidos son altamente contagiosos, aun cuando fallecen el cuerpo es altamente contagioso, por eso se pide no practicar ceremonias funerarias para no propagar el virus.
Respecto al tratamiento, “no tenemos algo para tratar esta infección, pero se requiere de un cuidado muy sofisticado y con eso las personas pueden sobrevivir”.
El virus se presenta en seis especies diferentes, pero no se tiene vacuna contra esta cepa y la situación ha empeorado porque hay una disminución en los recursos del mismo gobierno de Estados Unidos, comentó Schaffner.
“Se está trabajando para tener una vacuna, pero no tenemos ninguna expectativa disponible, así que vamos a tener que depender de las intervenciones de salud pública, identificar los casos para aislarlos y trabajar con líderes locales”.
La doctora Rachel Sweet, miembro principal del cuerpo docente del Instituto Kroc de Estudios Internacionales para la Paz en Notre Dame, habló de su experiencia en la República Democrática del Congo, donde los ciudadanos viven con miedo no solo de la cepa sino también a los conflictos armados.
El conflicto armado en África central y la guerra regional han dificultado los esfuerzos para controlar el ébola, pues existe una desconfianza entre las comunidades, incluso en el sistema de salud pública, haciendo que la desinformación pese más que la realidad entre los ciudadanos.
Cuando la gente dice que el ébola es real se debe tomar en cuenta, “aunque no tenga la gente un conocimiento científico se debe validar las preocupaciones reales y cómo será un mecanismo para que las personas pierdan sus derechos humanos ante los conflictos armados”, explicó Rachel Sweet.
“Para las comunidades locales, parece que sus preocupaciones no son importantes; a la comunidad internacional solo le importa la propagación de la enfermedad; no piensa en las consecuencias para los ciudadanos”.
Los expertos coincidieron en que la desinformación es el verdadero reto, pues no se da la atención adecuada y, de continuar así, la propagación se convierte en un riesgo de salud mundial.
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