«Mundo Maya», documental que explora la vida de los migrantes mayas en San Francisco

Península 360 Press [P360P]. Bay City News [BCN].

               Al igual que millones de otros jóvenes adultos, Cindy y Kenny Dzib Tuz se habían mudado de nuevo con sus padres para cumplir su cuarentena durante la pandemia.

               Kenny, de 21 años, había estado asistiendo a la escuela de cine en Cal State Los Angeles y su hermana mayor Cindy, de 27 años, trabajaba en comunicaciones. Los Dzib Tuz crecieron en el barrio de la Misión de San Francisco; sus padres, Rafael y Rita, emigraron de Oxkutzcab, Yucatán, México, a finales de los 80, y llegaron a San Francisco justo antes del terremoto de Loma Prieta.

               Toda la familia se identifica como indígena maya, pero incluso en un lugar tan diverso como el Área de la Bahía, no siempre se sintieron representados, incluso dentro de su vecindario.

               “Es algo que no se nota al crecer”, dice Kenny desde su casa en la Misión, “pero incluso dentro de nuestra propia comunidad, aunque nos identifiquemos como mexicano americanos, no siempre nos sentimos como mexicanos”.

               Alrededor del 15 por ciento de la población de México se identifica como indígena, siendo el maya la segunda lengua indígena más hablada en el país después del náhuatl.

               Rafael Dzib Canul dejó su municipio a finales de los ochenta, época en que muchos otros miembros de su comunidad se vieron impulsados a abandonarlo en parte por la participación de México en el TLCAN, que dio lugar a reformas agrarias que perjudicaron a los pequeños agricultores y a la industria de la fibra de henequén, fundamental para la economía del estado.

               San Francisco se ha convertido en el hogar de miles de personas mayas desde que Rafael llegó. Investigadores de la UC Berkeley estimaron que alrededor de 25 mil inmigrantes yucatecos vivían en el área de la bahía en 2018, pero aún no hay una indicación de cómo la pandemia ha impactado estas cifras.

               A pesar de su legado histórico, uno de los símbolos físicos más prominentes que reconoce a los mayas en San Francisco se erigió hace sólo unos años: un nuevo parque llamado «In Chan Kaajal» –«Mi Pueblo» o «Mi Pueblito»–, mismo que abrió en 2017. Murales y arte público con imágenes mayas aparecen ahora en el barrio de la Misión de San Francisco, y las celebraciones anuales como el Carnaval tienen espacio para sus artistas.

               «Me sentí identificada; me sentí reconocida», dice Cindy. «Puedes ver cómo la comunidad está cambiando. Es como cuando vas al Barrio Chino y ves esos nombres».

               Cindy y Kenny querían contribuir a su difusión. Durante el verano, comenzaron a discutir un posible proyecto para el Mes Nacional de la Herencia Hispana, una institución en la que creen que aún falta la presentación y el matiz indígena. Ahí fue cuando comenzaron «Mundo Maya», una serie documental en YouTube que mezcla antropología, lingüística, testimonios personales y familiares para preservar las narraciones personales de la comunidad Maya de San Francisco. 

               Han estrenado cinco episodios de los siete previstos, con personajes como don Jaime, cuyo sereno relato cuenta que dejó México cuando su hija pequeña se enfermó y, finalmente, consiguió un trabajo en la Cliff House.

               Elvia Guadalupe López Cano tuvo que vender a su cerdo para comprar su primera bicicleta, con el propósito de subirse a una moto algún día. Llegó a los Estados Unidos a los 19 años para ahorrar para un hot rod que la transportase a casa, pero luego se enamoró, se casó y crio a su familia en el Área de la Bahía.

               Cuando Gonzalo Dzay Ix llegó a San Francisco, en 1979, dice que tenía miedo de salir y ser detenido por la policía de inmigración antes de que recibiera su residencia. Después de 25 años como conductor de autobús, ahora quiere volver a su tierra natal y a su familia inmediata. 

               Todos los episodios cuentan con subtítulos en inglés y español. Cindy y Kenny no hablan maya con fluidez, así que su padre necesita interpretación simultánea, un tema de conversación dentro de su propia familia.

               «Esta ha sido una idea que he tenido en mente, el explorar mis propias raíces. Siempre he vivido entre estos dos o tres mundos», dice Cindy respecto a reconciliar su educación americana con su herencia mexicana, y su herencia maya dentro de ambos. Muchos otros como Cindy sienten el peso de vivir entre mundos formados por la cultura, el lenguaje y la geografía. «Hacemos esto para elevar dicha identidad, y puede que ya no esté ahí. El objetivo de nuestro contenido es iniciar el debate en los hogares del espectador. ¿Cómo cambia la identidad en los EE. UU. frente a México? Es algo complejo».

               Y lo es. En la serie, todos provienen de Oxkutzcab, pero viven vidas muy diferentes. Ignacio Maldonado, el más joven del grupo y el único sujeto que hasta ahora ha realizado su entrevista en inglés, habla con mucha franqueza sobre cómo su identidad se representa con un diagrama de Venn.

               Llegó a San Francisco en su adolescencia y, por lo tanto, asistió a la escuela, lo que lo expuso a un espectro de identidades latinas y a una de sus pasiones de toda la vida: la capoeira. Al igual que Kenny, no siempre ha sentido que pertenezca a sus compañeros.

               «Me identifico como mexicano», dice Maldonado en el vídeo, «pero cuando estoy cerca de otros mexicanos siento que no soy mexicano, soy más bien yucateco», ya sea por su humor, su dialecto o sus normas culturales.  

               Hasta ahora, la acogida de la serie «Mundo Maya» ha sido abrumadoramente positiva.

               «Estaba muy nervioso por estrenar el primer episodio», dice Kenny. «Estaba muy preocupado por los que no son latinos: ¿Acaso les importaría escuchar estas historias? Eso definitivamente me sorprendió. La oportunidad de elevar mi propia comunidad es siempre una meta mía, y no tiene que serse mexicano para relacionarte con estos problemas».

               La mayor parte del argumento se basa en las personas con las que Cindy y Kenny interactuaron siendo niños: niñeras o amigos de la familia cuyas historias ahora vuelven a cobrar relevancia. Como dice la introducción de la serie: «Seguimos aquí… seguimos aquí».

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