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Redwood City
jueves, octubre 21, 2021

Rancho de las Pulgas, corazón de Redwood City

Verónica Escámez. Rober Díaz. Anna Lee Mraz. Península 360 Press.

Gracias a su cercanía con Woodside, Emerland Hills y Atherton, la ciudad de Redwood City es uno de los lugares con más empleados relacionados con la tecnología, la educación y las labores domésticas.

Redwood City Memories. Facebook.

La historia del Rancho de las Pulgas se desenvolvió en medio de una gran trasformación donde los territorios fueron ocupados por los misioneros y conquistadores españoles. En 1781, el gobierno español decidió asentar el área del norte de California por medio de la Expedición Rivera y Moncada. En esta expedición, se encontraba el joven soldado, José Darío Argüello

Argüello se había unido al regimiento como soldado raso, pero debido a su capacidad de liderazgo, pronto ascendió hasta convertirse en sargento. La tradición del gobierno español era recompensar a sus mejores soldados con mercedes de tierras; fue así como el gobernador Diego Boric otorgó dos mercedes de tierras en 1795 a José Darío Argüello.

Al año siguiente, José Darío fue asignado al Presidio en San Francisco como comandante y permaneció allí durante 10 años, cuando fue nombrado gobernador interino de California en 1814

Luis Antonio Argüello, hijo del comandante José Darío Argüello, nació en el Presidio de San Francisco. Creció rodeado de un ambiente militar convirtiéndose en cadete a los 15 años. En 1822, Luis se casó con María Soledad Ortega. La boda fue un gran acontecimiento y la fiesta en el rancho duró varios días. Luis fue designado como el primer gobernador de California bajo el ahora nuevo gobierno mexicano en 1822. Cuando murió a la edad de 46 en 1830, María Soledad, su viuda, heredó el Rancho de las Pulgas. La concesión original abarcaba lo que es el actual condado de San Mateo, California. Esta concesión estaba limitada por San Mateo Creek al norte y San Francisco Creek al sur. Constaba de más de 35 mil metros cuadrados, es decir 142.6 hectáreas.

La agitación de la fiebre del oro de 1849 en California llevó a la estabilidad, y los ciudadanos españoles-mexicanos tuvieron que demostrar a la comisión de tierras que eran los propietarios legales para conservar sus derechos de propiedad. Para cuando María Soledad recibió su herencia, Estados Unidos acababa de ganar a los mexicanos el conflicto conocido como La Guerra de los Pasteles y, tras los Tratados de Guadalupe Hidalgo, se dispuso que las mercedes de las tierras se respetarían y aunque así fue, por distintos procesos y querellas políticas que se entablaron, la familia Argüelles finalmente se quedó con poco menos de la mitad. Las hectáreas confinadas por los EE. UU. pasaron a formar parte del estado de California.

Fue para el año de 1867 que Redwood City se incorporó y se instituyó como la primera ciudad del condado de San Mateo siendo su sede; tiene un puerto profundo en el sur de la bahía de San Francisco. Contaba, en el año 2010, con una población de aproximadamente de 76 mil 800 personas, de las cuales 38.9 % eran hispanos. Gracias a su ubicación geográfica –exactamente a la mitad entre San Francisco y San José– Redwood City es uno de los lugares con más empleados relacionados con la tecnología, la educación y las labores domésticas en los Estados Unidos.

Como lo ha comentado el filósofo Yuval Noah Harari, en este sentido, el capital que actualmente tienen los territorios no sólo valen por los recursos que proveen, sino también por el conocimiento y tecnología que se genera en el lugar.

Redwood City recibió su nombre gracias a las enormes secoyas, árboles gigantes que se encuentran en las inmediaciones de la ciudad. Redwood City es un lugar lleno de festividades cuyo origen se le atribuye, en mayor medida, al gran número de mexicanos que habitan la ciudad, incluyendo el Día de Muertos, auspiciado por Casa Circulo Cultural que atrae 10 mil asistentes cada año.

El Premio Nobel de Literatura de 1990, Octavio Paz, nos ofreció una explicación de esta propensión de las naciones con respecto a las fiestas:

«El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas. El arte de la fiesta, envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros».

Octavio Paz, «El laberinto de la soledad», 1950.

En la ciudad, se festejan los desfiles del Día de la Independencia de EE. UU. el 4 de julio; la Navidad; la fiesta local de Mont Carmel; y, las fiestas callejeras del 5 de mayo y el 15 de septiembre en los Barrios Middlefield, Fair Oak, corazón hispano de la ciudad. 

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