
Vivir entre México y Estados Unidos no significa cargar con dos identidades enfrentadas, sino construir una más amplia con lenguas, recuerdos, sabores, expresiones artísticas y experiencias que atraviesan generaciones, coincidieron participantes del Foro II Con-ALMA “Identidad Mexicoamericana: Culturas e historias binacionales”.
Académicos, artistas, periodistas, empresarios y representantes comunitarios se reunieron este sábado 3 de octubre en el Instituto Cultural de México en San Antonio, Texas, una ciudad donde la presencia mexicana no es solamente una herencia del pasado, sino una realidad cotidiana que continúa transformando su vida cultural.
El encuentro gratuito, realizado de manera presencial y transmitido por redes sociales, abrió una conversación sobre lo que significa pertenecer a dos países, preservar las raíces familiares y convertir esa experiencia en arte, gastronomía, memoria y participación comunitaria.
Jessica Ibarra, representante de ALMA, explicó que el foro buscó reconocer la visibilidad, representación y contribución de la comunidad mexicoamericana en ámbitos como la cultura, la academia, la ciencia, los negocios y la política.
Durante su intervención destacó la capacidad de la cultura para movilizar, transformar narrativas y sostener el acercamiento entre México y Estados Unidos, incluso durante los momentos más inciertos o complejos de la relación bilateral.
El encuentro fue el segundo de cuatro foros impulsados para promover narrativas positivas alrededor de ambos países y propiciar una reflexión colectiva sobre asuntos como economía, cultura, medio ambiente e innovación.
Nora Preciado, cofundadora y codirectora ejecutiva de MAPA, señaló que las políticas relacionadas con las comunidades binacionales deben construirse escuchando a quienes experimentan diariamente la migración, el idioma y la pertenencia a dos sociedades.

“No diseñar políticas públicas desde un escritorio, sino salir a las comunidades”, expresó Preciado al explicar que las experiencias locales pueden revelar aquello que las personas mexicanas y mexicoamericanas esperan de su relación con México.
“La relación binacional no solo se construye en la cancillería, se construye aquí, a nivel local, en San Antonio”, sostuvo ante un público integrado por personas con historias familiares y vínculos distintos con ambos países.
Preciado consideró que la identidad mexicoamericana tampoco puede reducirse a un proceso de integración, pues se trata de una fuerza capaz de influir en la economía, la cultura y la participación cívica de las dos naciones.
Octavio Nava, director del Instituto Cultural de México en San Antonio, llamó a mirar el recinto como “un instrumento, como un vehículo para impulsar la cultura de México no solo en San Antonio y en Texas, sino en todos los Estados Unidos”.
Nava recordó que el instituto fue la primera institución cultural mexicana creada fuera del país, una historia que implica el compromiso de abrir sus puertas a las comunidades y respaldar proyectos que profundicen la colaboración cultural.
La jornada fue organizada en tres paneles dedicados a examinar la formación de la identidad mexicoamericana, su transmisión dentro del hogar y la capacidad del arte para preservar la memoria y fortalecer a las comunidades.
En “Ser y convertirse en persona México-americana”, Ellen Riojas Clark, Luis López, Alfredo Ávalos Lara, Cecilia Ballí y María Zentella hablaron de una identidad que cambia con la migración, el idioma, el lugar de residencia y las experiencias de discriminación, sin perder por ello sus raíces.
“Yo soy una chicana, una latina, una mexicoamericana”, expresó Riojas Clark, quien explicó que aprendió español alrededor de los 15 años y posteriormente desarrolló la capacidad de desenvolverse académicamente en ambas lenguas.
Luis López, nacido en San Luis Potosí y residente de Estados Unidos desde hace 25 años, describió la identidad como una construcción que continúa ampliándose durante toda la vida.
“La identidad creo es algo que se va consiguiendo a lo largo de la vida, pero que también generamos”, afirmó el artista.
El segundo panel, “La identidad binacional en casa”, llevó la conversación a los espacios donde la cultura suele transmitirse sin discursos formales: la cocina, la mesa, las celebraciones, el idioma y las historias contadas por padres y abuelos.
La chef Lizzeth Martínez explicó que preparar tamales o conservar una receta no implica únicamente repetir ingredientes, sino transmitir la convivencia, los afectos y los recuerdos que rodean a cada platillo.
“Poder heredar, no nada más un platillo o una receta en particular, sino lo que significa cocinar, lo que significa hacer tamales”, expresó.
La mesa, moderada por Nora Preciado, contó también con la participación de la artesana Edna Lugo Martínez, el empresario Ricardo Ríos, Rubén Linder, director ejecutivo de OPCOM Media Group, y Gabriel Quintero, presidente de Avenida Guadalupe Association.
El último panel, “Cultura y comunidad”, reunió a la artista visual Yazmin Belcerra, la pianista Silvia Santinelli, la autora e investigadora Edna Campos Gravenhorst y el pintor y músico Joao Quiroz, de Blue Star Arts Complex.
Belcerra habló de la responsabilidad de los artistas de crear espacios donde las raíces mexicanas puedan ser vistas y comprendidas por quienes no tienen la oportunidad de viajar o crecer en México.
“Mi responsabilidad como artista ha sido abrir esos espacios para mostrar nuestra cultura”, afirmó.
Durante la conversación también intervino Diego Martínez, quien compartió experiencias relacionadas con el diseño y la operación de políticas de cultura comunitaria en México.
“La fuente de la cultura son las personas, no venimos a llevar nada, sino simplemente a visibilizar algo que ya existe ahí”, señaló Martínez al referirse a proyectos que utilizan el juego, la pintura, la danza y el teatro para transmitir conocimientos, confianza, solidaridad y derechos humanos.
El foro mostró que la identidad mexicoamericana no es una categoría uniforme, pues existen quienes se reconocen como mexicanos, estadounidenses, chicanos, latinos, tejanos o binacionales, así como personas que reúnen varias de esas palabras sin considerar que alguna contradiga a las demás.
También dejó una conclusión común entre historias muy diferentes: cuando las escuelas y las instituciones omiten una parte de esa memoria, las familias, los artistas, los escritores y las organizaciones comunitarias asumen la responsabilidad de conservarla.
La identidad mexicoamericana no exige escoger entre dos países, porque se renueva cada vez que una familia comparte una receta, cuenta la historia de sus antepasados, recupera una lengua o transforma su memoria en música, literatura y arte.
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