
Si este viernes el café te está ayudando a llegar con dignidad al fin de semana, hay buenas noticias: esa segunda taza probablemente no es el pecado que creías, pues la Asociación Americana del Corazón concluyó que, para la mayoría de los adultos, consumir hasta 400 miligramos de cafeína al día es seguro y no aumenta el riesgo cardiovascular.
Traducido al idioma de la cafetera: hablamos de entre tres y cinco tazas pequeñas de café negro. No cinco vasos monumentales con doble espresso, caramelo y crema batida, porque la ciencia es generosa, pero tampoco hace milagros.
La nueva declaración científica, publicada en Circulation, revisó los efectos de la cafeína en la presión arterial, el colesterol, la diabetes tipo 2, las enfermedades coronarias, la insuficiencia cardiaca, los accidentes cerebrovasculares y las alteraciones del ritmo del corazón, y el café salió bastante bien librado.
“Para la mayoría de los adultos, la ingesta de hasta 400 miligramos de cafeína al día es segura y no aumenta el riesgo cardiovascular”, afirmó Gregory M. Marcus, presidente del grupo de especialistas que elaboró la declaración.
Marcus es profesor de Medicina en la Universidad de California en San Francisco y subdirector de Cardiología para la Investigación en UCSF Health, por lo que esta taza de buenas noticias tiene una conexión directa con el Área de la Bahía.
De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, el café con cafeína y sin azúcar, crema ni saborizantes se ha relacionado con un menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiacas, insuficiencia cardiaca y accidentes cerebrovasculares.
La asociación más favorable apareció generalmente entre quienes consumían de dos a cuatro tazas. Eso no significa que entre más, mejor: superar las cuatro podría relacionarse con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca en algunos análisis.
Además, las cinco tazas mencionadas son porciones de ocho onzas, alrededor de 230 mililitros. La cantidad de cafeína cambia según el grano, la preparación y el tamaño de la bebida.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos calcula que los 400 miligramos pueden alcanzarse con apenas dos o tres cafés de 12 onzas. Así que sí, puedes disfrutar otra tacita.
El informe National Coffee Data Trends de primavera de 2026 encontró que 66 por ciento de los adultos tomó café durante el día anterior y 73 por ciento lo hizo durante la semana previa.
Cerca de 195 millones de adultos lo beben cada semana y, entre quienes lo consumen, el promedio es de 2.8 tazas diarias. En total, el país se toma alrededor de 507 millones de tazas cada día: suficiente café para llenar aproximadamente 48 piscinas olímpicas.
WalletHub también colocó a San Francisco en el séptimo lugar y a Oakland en el noveno entre las mejores ciudades estadounidenses para los amantes del café, considerando la oferta de cafeterías, precios, fabricantes y gasto de los hogares.
Pero ¿qué contiene el café para que los científicos le encuentren beneficios?
Además de cafeína, el grano posee compuestos bioactivos con posibles propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Una revisión de más de 200 metaanálisis, publicada en The BMJ, encontró que su consumo habitual estaba más asociado con beneficios que con daños, especialmente entre las tres y cuatro tazas diarias.
Otro estudio siguió a más de 170 mil personas y encontró que consumir alrededor de tres tazas o entre 200 y 300 miligramos de cafeína al día se relacionaba con un riesgo hasta 48 por ciento menor de desarrollar al menos dos padecimientos como diabetes tipo 2, enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular, sin embargo, los investigadores advirtieron que se requieren más estudios.
Además, la hora también podría importar, pues un estudio publicado en 2025 en el European Heart Journal analizó a 40 mil 725 adultos estadounidenses y encontró que quienes tomaban café principalmente por la mañana presentaban un riesgo 16 por ciento menor de morir por cualquier causa y 31 por ciento menor de morir por enfermedades cardiovasculares, en comparación con quienes no lo bebían.
La misma asociación no apareció entre quienes continuaban consumiéndolo durante todo el día. La cafeína por la tarde o la noche podría alterar el sueño y los ritmos naturales del organismo, aunque el estudio tampoco demuestra causalidad.
La preparación también cuenta. El espresso o expreso, el café turco y el elaborado con prensa francesa contienen cafestol, un compuesto que puede aumentar el colesterol LDL o “malo”, mientras que los filtros de papel retienen gran parte de esa sustancia.
Después está todo lo que agregamos a la taza: el café negro casi no aporta calorías, pero con azúcar, jarabes, crema y caramelo puede convertirse en un postre que, por casualidad, también contiene café.
Finalmente, cada persona responde de manera distinta. La edad, la genética, los medicamentos, el metabolismo y las enfermedades preexistentes influyen en cómo el organismo procesa la cafeína.
Una taza puede significar concentración y buen humor para alguien, mientras que a otra persona le provoca ansiedad, insomnio o un corazón enviando mensajes en código Morse.
El café no sustituye una alimentación equilibrada, el ejercicio, el descanso ni la atención médica, pero para la mayoría de los adultos que ya lo disfrutan, la conclusión es reconfortante: tomado con moderación, preferentemente durante la mañana y sin convertirlo en un pastel líquido, puede formar parte de una vida saludable.
Te puede interesar: California moderniza su sistema de salud mental con la entrada en vigor de la Proposición 1

