Violencia escolar en Redwood City

acoso escolar

Las cámaras no funcionan y las autoridades nunca tienen tiempo para atender a los padres de familia

Por Lorena Segovia

El «bullying» –acoso escolar– siempre ha existido, pero quizá debido al aislamiento por COVID-19, los estudiantes quedaron aislados de convivir unos con otros. Soy residente de Redwood City y mi hija me contaba cómo le arrebataron el almuerzo en el kínder. ¿Cómo es posible que la niñez haga esto?, me cuestiono tras varios incidentes que sufrió mi hija durante su vida como estudiante que, por motivos de privacidad de una persona menor de edad, no se dio a conocer su identidad.

Y es que, recientemente, en enero de este año, mi hija fue, nuevamente, víctima de acoso escolar dentro del McKinley Institute of Technology, perteneciente al Redwood City School District. 

Yo pensé que, por obligación, todas las escuelas del distrito debían tener cámaras de seguridad y circuitos cerrados de TV para identificar cualquier problema de “bullying”, fenómeno que es más frecuente en las últimas generaciones.

«Su hija fue tocada indebidamente», me contó el doctor que atendió a mi niña después del incidente. No lo supe hasta entonces. Sabía que un estudiante había forcejeado y empujado a mi hija, pero no dónde la había tocado. Mi hija señala la parte del pecho, por lo que el doctor concluye que fue un ataque de índole sexual.

Me puse en contacto inmediatamente con las autoridades del McKinley Institute of Technology, pero se negaron a proporcionar las grabaciones de las cámaras de seguridad que se encuentran en la escuela; el personal atribuye la negativa ante la falta de mantenimiento del circuito cerrado; sin embargo, adicionalmente, el personal de vigilancia no es suficiente al interior de las escuelas. 

No se hace nada para intentar solucionarlo… es preocupante, las cámaras están de adorno, y sospecho que las cámaras de seguridad sí se encontraban en funcionamiento cuando mi hija fue víctima de acoso. ¿Cómo puede una madre o padre de familia comprobar su funcionamiento si no se obtiene respuesta de las autoridades responsables?

Mi hija se sintió abandonada. Y es que, además, la escuela se ve imposibilitada para identificar los problemas emocionales de los estudiantes, lo que crea un ambiente de inestabilidad durante el aprendizaje. 

Se están dando muchísimos casos de niños con problemas emocionales, como depresión y ataques de ansiedad, sin embargo, el subdirector y la psicóloga con los que mi hija platicó inmediatamente después del incidente minimizaron lo ocurrido.

«Ya no quiero ir, no me siento segura en la escuela», fue lo que me dijo mi hija después del ataque de bullying al interior del McKinley Institute of Technology. Encima de ello, dos meses después, se pusieron en contacto para renovar su inscripción, de lo contrario, me dijeron, la estudiante perdería su matrícula con la falsa promesa de obtener más apoyo del personal educativo. 

Lamento el hecho de que no pueda hacer más al respecto por la seguridad de mi hija, porque eso significaba perder su lugar en el McKinley Institute of Technology y perjudicar su educación. 

¿Qué va a pasar? Por eso es que mucha gente tiene el temor de alzar la voz en este y otros casos de acoso al interior de esta y otras escuelas.

No te quieren decir, no te dicen nada. Traté de entrevistarme con los testigos que, a lo mejor, pudieron ver algo, pero todos prefieren mantenerse en silencio. 

Pido que se esclarezca el caso de bullying de mi hija, pero ninguna autoridad, tanto directivos del McKinley Institute of Technology como de Servicios al Estudiantes, han querido oficializar el caso, investigarlo y resolverlo. «No pasó nada», me respondieron; encima de ello, propusieron que se hiciera «borrón y cuenta nueva».

Existen personas –estudiantes y profesores– que conocen al menor que agredió a mi hija; sin embargo, la escuela niega haber reconocido al agresor, por lo que no éste no ha recibido ninguna llamada de atención. 

Platicando con otros padres de familia, me doy cuenta que el de mi hija no es el único caso de violencia escolar en Redwood City. 

Otro, de muchos ejemplos, es el que ocurrió en noviembre de 2021 en la escuela Orion, donde un menor de 7 años sufrió una herida que requirió de cinco puntos de sutura. Según la escuela, el menor se tropezó y así fue como se lastimó. Sin embargo, nuevamente las cámaras supuestamente no funcionaron. Quince días después del incidente, el niño se volvió a caer y tampoco había cámaras. 

Las autoridades escolares se escudan en la excusa de que, por motivos de COVID-19, no pueden recibir a los padres de familia de manera presencial. A esto se añade que la directora de McKinley Institute of Technology, Sara Shackel, también es directora de la escuela North Star Academy, porque no tiene tiempo de brindar la atención necesaria a los padres de familia. 

He podido identificar, al menos, otros cinco casos de bullying escolar en la comunidad latina. Muchas veces, las barreras del idioma nos frena como comunidad.

Esto también dificulta que los padres de familia obtengan ayuda por otras vías. Por eso, para las autoridades escolares se les hace más fácil decir que las cámaras de seguridad al interior de las escuelas no funcionan.

Son casos de los que se tiene que hablar. El agresor nunca espera que la víctima reaccione; si reaccionas, hablas y llamas la atención en el momento de la agresión, mucha gente se va a dar cuenta de lo que está pasando. Si tú te quedas callada, nadie lo va a saber.

*Lorena Segovia es residente en Redwood City y forma parte del Taller de periodismo comunitario de Península 360 Press. Este texto fue escrito con el apoyo de Cristian Castro.

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