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jueves, octubre 21, 2021

Desconfianza en el sistema de salud, obstáculo para que afroamericanos se vacunen contra COVID-19: expertos

Desconfianza en sistema de salud, obstáculo para que afroamericanos se vacunen

El estado de California es líder a nivel nacional en su respuesta a la pandemia, sin embargo, aún queda un largo camino que recorrer en materia de vacunación: ciertos sectores aún dudan de su eficacia, especialmente entre afroamericanos, comunidad que ha sido, paradójicamente, una de las más afectadas por el COVID-19. 

Esta situación no se debe al azar, pues las personas afroamericanas tienen razones de peso para no confiar en el sistema de salud del país, y eso incluye las vacunas, señalaron expertos durante una sesión informativa con medios organizada por Ethnic Media Services.

Durante su participación, Kim McCoy Wade, directora del Departamento de Envejecimiento de California, detalló que los adultos mayores siguen siendo el sector de la población con la mayor parte de las muertes por la enfermedad.

En ese sentido, destacó que existen marcadas diferencias, pues si bien alrededor de tres cuartas partes de la población de adultos mayores han recibido su primera vacuna, «las brechas más llamativas están apareciendo en las comunidades de color, en particular la comunidad afroamericana, en donde menos de la mitad de la comunidad ha sido completamente vacunada».

Las tasas de vacunación contra la COVID-19 siguen siendo desproporcionadamente bajas entre los afroamericanos en todo el país.  En California, aunque está aumentando,  el 48 por ciento de esta comunidad sigue estando por debajo de la media del estado.  

El doctor Oliver Brooks, del Watts Healthcare Center, coincidió en que los afroamericanos tienen una tasa de vacunación inferior a la de la mayoría de la población. «Eso es cierto en todo el estado y en todo el país».  

Y es que en ese grupo existe una mayor tasa de casos y mortalidad, pues de acuerdo con el Departamento de Envejecimiento, la tasa de casos en California es de 5.7 casos por cada 400 mil afroamericanos y en el 5.5 por ciento de los mayores de 65 años la tasa de mortalidad es del 7.1 por ciento frente al 5.5 por ciento de toda la población mayor con COVID-19.

Explicó que la tasa de COVID-19 es de 7 a 8 veces más alta para los que no están vacunados.  «La cuestión es que, si no te vacunas, tienes más probabilidades de contraer la COVID, de morir de ella, de ser hospitalizado por ella, y teóricamente de contagiar a otras personas. Por lo que quiero argumentar que es imperativo que te vacunes».

Agregó que debido al COVID-19 la esperanza de vida se ha reducido en dos años para los afroamericanos, mientras que para todos los demás estadounidenses ha sido de un año.  «La gente está muriendo, enfermando, y con casos más largos, más en aquellos que no están vacunados». «El punto es que es relevante vacunarse».  

Los afroamericanos afirman que es más probable que no se vacunen porque les preocupa faltar al trabajo, no tener licencia por enfermedad, y tener que pagar las vacunas, lo que significa un concepto general de acceso, «así que, algunos de los que no se vacunan, no es porque sean antivacunas».  

Desconfianza en el sistema de salud ante COVID-19

«La comunidad afroamericana ha sido maltratada por el sistema de salud desde que estamos en este país», puntualizó el doctor Brooks.

El experto destacó que en la época de la esclavitud, las escuelas de medicina del norte del país invadieron y tomaron cuerpos de los cementerios de los esclavos y los llevaron a las escuelas de medicina para usarlos como cadáveres en sus clases de anatomía. Mientras que a principios del siglo XX las mujeres negras fueron esterilizadas a la fuerza en el sur y en otras zonas de la unión americana.

Explicó que, de acuerdo con estudios, los afroamericanos tienen menos probabilidades de recibir estudios y procedimientos cardíacos, además de recibir restricciones en medicación, y menor tratamiento para el dolor cuando hay otras lesiones como fracturas de fémur.

«Quiero que quede claro que la desconfianza en el sistema médico es válida.  Así que cuando abordamos la duda sobre las vacunas, que es el caso, tenemos que no ser despectivos»

Es una decisión basada principalmente en la desconfianza en la vacuna y en la desconfianza en el sistema sanitario, en el sistema de prestación de servicios médicos. 

Creo que lo más importante es la repetición. Necesitamos escuchar el mismo mensaje una y otra vez:  la vacuna es segura y eficaz.  No hay ninguna conspiración».

Mirar la historia de los afroamericanos para entender

«Creo que tenemos que mirar la historia de los afroamericanos a lo largo de 400 años para darnos cuenta de que tenemos desde la cuna hasta la tumba más enfermedades crónicas, morimos más rápido, estamos más enfermos.  Y esto fue una envoltura perfecta para un virus como el COVID-19», dijo en su momento el doctor Michael Lenoir,  alergólogo y pediatra.

El experto explicó que una de las razones por las que las tasas de mortalidad en la comunidad afroamericana eran tan altas al principio, fue porque empezaron con una inmunidad comunitaria comprometida. «Pero está claro que los afroamericanos han sospechado de las vacunas durante mucho tiempo».

Recordó el experimento Tuskegee, Alabama, donde a cientos de afroamericanos se les negó tratamiento adecuado para la sífilis y se les engañó  al introducirles sustancias que causaron la muerte de muchos de ellos. «Eso ha desencadenado la sospecha de todas las vacunas».

«Por eso durante mucho antes de los últimos dos o tres años aquí en el norte de California tuvimos que discutir con los padres negros, sobre todas las vacuna.  Y fue solo hasta que las vacunas fueron obligadas por el estado de California que esa discusión realmente se detuvo».

En ese sentido, apuntó que los afroamericanos mayores estaban mucho más abiertos a la discusión de las vacunas que los jóvenes. Ejemplo de ello, contó, fue que recientemente  decidió encuestar a 15 de sus pacientes que estaban en su consultorio con sus hijos y preguntó cuántos de ellos habían sido vacunados, y sólo 2 de los 15 habían sido inmunizados.  

«Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que esto va a ser mucho más difícil de lo que pensaba.  Porque las personas que dudan de las vacunas ahora son muy parecidas a las variantes del virus:  son más duros, más resistentes, más arraigados, y tienen razones que creen que son ciertas, en consecuencia, es más difícil convencerles de que se vacunen».

Agregó que estas personas son reforzadas por los amigos y los compañeros, además de las redes sociales como Clubhouse, Instagram, Ticktock, Facebook y Twitter, entre otras.

En ese sentido, apuntó que los mensajes difundidos a través de esas redes son confusos para mucha gente, lo que «ha generado una gran cantidad de creatividad a la imaginación».  

Algunas de las excusas que la comunidad afroamericana tiene para dudar de la inoculación es que, dijo, por una parte, esperan que Dios le diga cuándo vacunarse, y otra más es que dicen conocer a tres personas que murieron por la vacunación.

Además, detalló que les preocupa que la vacuna fuera lanzada demasiado rápido al mercado, o que consideran que están inyectando algo que en un par de años se va a deteriorar.  

«Creo que todos los mensajes que hemos hecho han sido creativos.  Creo que el estado de California y personas como sus organizaciones han sido muy creativas al tratar de transmitir un mensaje sobre lo buenas que son las vacunas y lo importantes que son y, por lo tanto, creo que va a ser una discusión individual entre mensajeros de confianza y examinados de nuestra comunidad la que convenza a la gente de que se vacune», subrayó.

Fe y ciencia, el camino a la salvación

El reverendo Steven Shepard, de la Iglesia Episcopal Metodista Africana San Pablo en San Bernardino, California, experimentó en carne propia el virus que provoca la COVID-19.

«Sí, tuve COVID.  Estuve a las puertas de la muerte y no quise recibir la vacuna debido a algunos de los temas que ambos doctores han discutido, el experimento y algunos otros temas con los que nosotros, como gente negra, lidiamos, no solo el trasfondo histórico del experimento Tuskegee, sino cómo somos tratados todos los días, cuando vamos a los consultorios médicos o a las salas de urgencias que nos lleva a dudar de recibir tratamiento y vacunación». Dijo.

Pero, agregó, históricamente la iglesia negra ha servido como epicentro para lograr un cambio positivo en la comunidad.  Recordó que, en 1793 en Filadelfia, Pennsylvania, la iglesia estaba en primera línea de lucha contra la fiebre amarilla, y esta vez podría no ser la excepción.

«Sentí que era mi trabajo cuando me dieron de alta del hospital. Uno, era asegurarme de que nuestra comunidad tuviera la información correcta.  La Biblia nos dice que nuestro pueblo perece por falta de conocimiento.  Yo estaba tan metido en lo que sucedió en el pasado, que no me tomé el tiempo para darme cuenta de la ciencia que hay detrás y los que están detrás de la vacuna, y cuando me enteré e investigué, descubrí que esas cosas que me asustaron en el pasado no deberían preocuparme ahora».

En segundo lugar, dijo que quiso hacer posible que los miembros de su comunidad acudieran a un lugar de confianza para vacunarse, a fin de facilitarles la tarea y enviar el mismo mensaje de los médicos, científicos, y comunidad sanitaria afroamericana: « las vacunas son seguras».

Y, en tercer lugar, puntualizó, quería llevar esperanza, ayuda y curación a una comunidad desatendida que sufre disparidades de salud.

Así, y en conjunto con organizaciones, elaboraron un plan y empezaron a vacunar a la gente. «De hecho, todavía tenemos gente que quiere, que llama, que quiere vacunarse porque, en primer lugar, confían en el mensajero de confianza de la iglesia; en segundo lugar, porque era un entorno agradable para venir a vacunarse; y tres, porque todos estamos viendo la misma canción. Puede que estemos cantando en diferentes partes, pero todos estamos cantando la misma canción».

Una historia para mover a decenas

Alva Brannon, feligresa de la misma iglesia, sabe lo que es tener miedo a las vacunas y desconfiar en el sistema de salud del país, sin embargo, cambió de opinión.

Brannon fue producto del estudio del instituto Tuskegee. «Mi padre fue uno de los jóvenes, sin saberlo, y por supuesto no fue tratado. No era consciente. Así que cuando nací contraje la sífilis.  La familia no reconoció ni supo esto hasta que tuve 7 años cuando perdí la visión. Estuve completamente ciega desde los 7 hasta los 15 años cuando me hicieron un trasplante de córnea y recuperé la vista».

Ante ello, su familia siempre dijo que no a las vacunas. «Recuerdo que tuve que conseguir una orden judicial para que me vacunaran contra la viruela, porque decían que se te pudriría el brazo y porque se hizo una gran ampolla.  Así de convencida estaba». 

Alva tiene tres hijos, cinco nietos y siete bisnietos. No se vacunaron. Siempre creyó que todo lo que quisieran hacer llegar a la comunidad afroamericana era algo malo. «¿por qué quieren dárnosla a nosotros primero? ¿por qué quieren darnos esta vacuna?», se cuestionaba todo el tiempo.

Sumado a su edad, Brannon tiene comorbilidades: hipertensión pulmonar, presión arterial alta y diabetes. Cuando acudió a su cita con el neumólogo, este le dijo que le aplicarían la vacuna, ella se negó.

El médico le advirtió que si adquiría el virus era posible que la matara, pero ella siguió renuente. Hasta que su hija le habló de la vacuna de una dosis de Johnson & Johnson. 

«Dos días después, recibimos la llamada de la iglesia de la que soy miembro, estaban dando la de Johnson & Johnson, así que lo tomé como una señal de Dios, y que era el momento. Así que mi hija fue el catalizador y nos inscribió en ese momento. Al final me vacuné».

Hoy toda su familia está vacunada, excepto uno de sus nietos que sufre de alergias severas por lo que su médico recomendó no hacerlo. Se vacunaron, dijo, porque además de evitar caer gravemente enfermo, ayuda a evitar ir al hospital.

«Porque normalmente como afroamericano, la única vez que entras en estado crítico, según mi experiencia, vas a urgencias y te mandan a casa diciéndote que te tomes un par de aspirinas y que bebas mucho líquido».

Historias como ésta se suman a las de otros, que hoy han cambiado de opinión y han escuchado a la ciencia, más allá de aquellos que no tienen información correcta o que simplemente han decidido hacer oídos sordos sin dar una oportunidad para avanzar en bienestar de su comunidad.

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