Paradoja de industria de videojuegos en pandemia: ganancias históricas en medio de despidos masivos

Por Andrea Hernández
Imagen: Hans Leguízamo

La industria de los videojuegos fue de las pocas que experimentó un crecimiento exponencial durante la pandemia: sus ganancias aumentaron un 40 por ciento respecto a 2019,  y en  el primer trimestre de este año 2021 se reportó otro crecimiento del 30 por ciento en el mercado estadounidense. 

Sin embargo, parece que solo los altos ejecutivos gozan de la prosperidad de esta industria, pues sus empleados han denunciado desde 2020 diversas situaciones de injusticia dentro de la empresa Blizzard-Activision,  en su base de operaciones en Santa Mónica, California. 

Un reporte hecho por Bloomberg en agosto de 2020 muestra la disparidad salarial que se vive en Blizzard-Activision. Se señala que su director, Bobby Kotick, recibía además de un alto salario una compensación de fin de año de 2019 por 40 millones de dólares, mientras que desarrolladores jr. de la empresa ganaban 40 mil dólares anuales, y los empleados de control de calidad y servicio al cliente percibían apenas más del salario mínimo. 

La situación actual de muchos de estos empleados es tan alarmante que dentro de este mismo reporte compartieron las medidas de ahorro que llevan a cabo para hacer rendir su salario como saltarse comidas o aprovechar el café gratis que brinda la compañía para paliar el hambre pues ni siquiera les alcanza para pagar la comida que ofrece la cafetería de la empresa. 

Como si no fuera suficiente, la incertidumbre laboral también es parte de la vida de los empleados de la industria de los videojuegos en pandemia; es común que sus contratos sean renovados trimestralmente, y que en cualquier momento prescindan de sus servicios.

En 2019 un despido masivo de 800 personas por parte de la empresa Blizzard-Activision  hizo eco en los medios de comunicación y en marzo de este año, la empresa despidió a 150 empleados bajo el argumento de la crisis que se vive tras la pandemia por Covid-19, a pesar del crecimiento que ha reportado. 

Como paliativo a los escándalos por disparidades salariales en las que se vio envuelta la empresa creadora de Call of Duty, renovó el contrato de Bobby Kotick, por al menos dos años más, con la singularidad de un descuento voluntario del 50 por ciento de su salario y de sus bonificaciones anuales, pero con una cláusula que lo hace elegible a una bonificación anual de hasta el 200 por ciento de su salario. 

El precio del sueño

Dedicar la vida a lo que se ama es un sueño que pocos tienen el privilegio de cumplir, pero  a veces el precio que se debe pagar puede ser muy alto especialmente cuando se trata de la industria de los videojuegos. Aquellos que son parte de este mundo han denunciado  las condiciones adversas a las que frecuentemente son sometidos. 

Entre las más comunes mencionan el continuo crunch en estas empresas durante el desarrollo de un videojuego, es decir el esfuerzo máximo para alcanzar las fechas establecidas de entrega que en realidad es la constante que deben mantener los trabajadores. 

En 2018 múltiples empleados testificaron lo agotador que es trabajar para Rockstar. Reportaron trabajar hasta 100 horas semanales, sin descanso en fines de semana, además de sentirse presionados a hacer horas extra para mantener su empleo o por solidaridad y presión de aquellos quienes se quedaban trabajando sin descanso, pues al depender el trabajo colectivo del individual, el dejar de hacerlo significa detener a todo el equipo.

Estas condiciones laborales traen consecuencias en la salud de los trabajadores. Muchos padecen depresión, crisis de ansiedad y padecimientos estomacales, además de tener problemas personales con sus familias y parejas por falta de tiempo para disfrutar. 

Y a pesar de que la cuarentena impuesta en 2020 obligó a mucha gente a trabajar desde casa, la situación no mejoró para los que dedican su vida a los videojuegos, pues debían pasar la misma cantidad de horas frente a la pantalla.

A pesar de todos los atropellos a sus derechos y libertades parece que los trabajadores poco a poco logran levantar la voz y han dejado de normalizar abusos que hasta ahora habían soportado. En agosto de 2020 un grupo de guionistas del juego Lovestruck incitó a una huelga para exigir aumento salarial y transparencia en sus contratos, mismas que fueron aceptadas y cumplidas, lo que marcó un hito en la lucha por los derechos en la industria de los videojuegos. 

Esta es la paradójica industria de los videojuegos en pandemia, en la que las ganancias siempre aumentan y los empleos escasean permanentemente. Por supuesto, esto es parte del patrón que se repite en distintas compañías tecnológicas y en las que los trabajadores también están luchando por un trabajo digno y el reconocimiento de su esfuerzo.

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