Análisis: ¿Se aproxima la primera guerra espacial?: Una mirada a la carrera armamentista del mañana

Mientras el conflicto entre Ucrania y Rusia se intensifica, el mundo está gravitando hacia un conflicto de la escala de la segunda guerra mundial, pues existe la posibilidad de que las más grandes potencias militares y económicas del planeta se enfrenten en una guerra abierta y devastadora.

Podría parecer ciencia ficción la posibilidad de que el humano extienda un conflicto armado fuera de nuestro planeta, en una guerra espacial, pero, el hecho es que ya está sucediendo. 

Ojos en el Cielo

«Si el enemigo es fuerte en todos lados, prepárate. Si tiene fuerza superior evádelo… Ataca donde no está preparado, aparece donde no te esperan». ‒Tsun Zu, El arte de la guerra, siglo V antes de Cristo‒.

Fue la invención del radar lo que cambió la cara del combate aéreo en la segunda guerra mundial. Inglaterra levantó un muro de bases de radio que les permitían detectar aeronaves nazis antes de que llegaran a su territorio. Donde fuera que los alemanes intentaban un ataque, encontraban a la Real Fuerza Aérea lista para hacerles frente en el aire. 

Este es un pequeño ejemplo de la importancia de la inteligencia y el reconocimiento en los conflictos armados. 

Por supuesto, en pleno siglo XXI hemos dejado atrás el radar para dar paso a satélites que nos revelan cada rincón de nuestro planeta en tiempo real y a todo color. 

La Unión de Científicos Consientes ‒UCS, por sus siglas en inglés‒, la cual es una organización de científicos e ingenieros que buscan desarrollar e implementan soluciones prácticas e innovadoras para resolver algunos de los problemas más apremiantes del planeta, como reducir la amenaza de una guerra nuclear, entre otros, calculó la existencia de 6 mil 542 satélites alrededor de nuestro planeta en el 2021, de estos, solo 3 mil 372 están operando activamente. 

Ello, significa que hay miles de satélites transmitiendo información e imágenes a la tierra constantemente. 

No se puede imaginar un escenario en el que el ejército nacional de una de las potencias militares de nuestro planeta avance o planee un ataque con miles de ojos en el cielo transmitiendo cada uno de sus movimientos. Es por eso que, en noviembre del año pasado, Rusia realizó una prueba y demostración de un misil anti satelital ‒ASAT, por sus siglas en inglés‒ dirigido a uno de sus satélites inactivos.

China, EE.UU. e India también poseen armas anti satelitales, pero no son los únicos interesados en la militarización del espacio, Francia e Inglaterra han comenzado a discutir políticas defensivas espaciales. 

Expertos prevén que estas discusiones forjen tratados internacionales espaciales, y con ello inicien las regulaciones en la órbita terrestre. 

El ex presidente estadounidense George W. Bush, contempló una partición del presupuesto de la Agencia de Defensa contra Misiles ‒MDA, por sus siglas en inglés‒ para la construcción de una red de armas orbitales. Su objetivo era interceptar misiles «enemigos» así como derribar otros satélites. 

La propuesta de presupuesto fue negada por el Congreso de EE.UU. en 2009 por ser «demasiado futurista» y «poco desarrollada» como lo indica el reporte de la Asociación de Control de Armas.

La comunidad científica advirtió en su momento que la creación de armas orbitales o espaciales significaría el inicio de una carrera armamentista sin precedentes. Pero sobre todas las cosas, pondría en riesgo la seguridad de los satélites y comunicaciones estadounidenses, así como la de sus aliados.

Y es que, los problemas derivados de una primera guerra fuera de la Tierra, implican una amenaza seria de crear basura espacial. Cualquier objeto que se ponga en movimiento en el espacio va a seguir en movimiento hasta que sea atraído por la gravedad de un planeta o colisione con otro objeto. En este sentido, cualquier desperdicio que entre en la órbita terrestre aumenta la posibilidad de dañar satélites, estaciones espaciales y en general, aumentar el riesgo de colisiones en cualquier incursión espacial futura. 

La guerra fría no se fue, solo cambió de frontera

«El introducir el principio de la moderación en la teoría de la guerra misma siempre llevará al absurdo» ‒Carl von Clausewitz, De la Guerra, 1832‒.

Después de la caída de la Unión Soviética parecía haber acabado una época de tensiones nucleares. Emergimos de un mundo opacado por el miedo al átomo con una actitud de esperanza en el futuro y en la cooperación internacional. Dejamos de estar divididos para unificarnos bajo una sola doctrina de comercio y cooperación mundial. 

La Estación Espacial Internacional fue uno de los momentos clave de este sueño de prosperidad. El espacio entonces no era de ninguna nación, la última frontera sería explorada por la humanidad en conjunto mientras nos acercamos al límite de lo desconocido. 

Sin embargo, el conflicto entre Ucrania y Rusia no sólo ha revivido la desconfianza entre vecinos con armas de destrucción masiva, además ha vuelto a poner en la mente de las personas la pregunta de a quién pertenece el espacio. ¿Es un acto de agresión colocar satélites militares sobre otro país? ¿Dónde termina el área soberana de una nación? ¿Hay satélites chinos espiándonos en este momento? 

guerra espacial
Imagen satelital de una réplica de un barco estadounidense montada en rieles en el desierto Taklamakan, Xinjiang, octubre de 2021. Fuente Maxar Technologies.

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