
Cada madrugada, Braulio Elías Pérez Valencia carga cajas, recorre rutas de reparto y entrega bebidas en comercios de Papantla, Veracruz. Pero cuando termina la jornada, el trabajador de 55 años se sienta a escribir poesía.
Hoy, esas palabras escritas lejos de los círculos literarios tradicionales lo han llevado hasta Italia.
El veracruzano ganó el XVIII Premio Literario Internacional “Cosenza-Ciudad Federiciana” en la categoría de Mejor Poema Extranjero gracias a su obra Escuché mi nombre, convirtiéndose en una de las historias culturales más inspiradoras que han surgido en México en las últimas semanas.
Originario de Papantla, una ciudad conocida mundialmente por los Voladores y por su herencia totonaca, Braulio ha construido una trayectoria literaria paralela a su trabajo cotidiano como repartidor de productos Boing. Durante años ha combinado largas jornadas laborales con la escritura, desarrollando una voz poética propia marcada por la memoria, la identidad y la vida cotidiana de Veracruz.
Su poema Escuché mi nombre destacó entre participantes de diversos países y le otorgó el primer lugar en una competencia internacional organizada en la ciudad italiana de Cosenza por la Asociación Cultural Club della Poesia.
Lo que más ha llamado la atención no es solamente el premio, sino la historia detrás del ganador.
Mientras muchos escritores construyen su carrera desde universidades, editoriales o instituciones culturales, Braulio escribe entre entregas, rutas de trabajo y responsabilidades familiares. Esa combinación de trabajador y poeta ha provocado una ola de admiración en redes sociales y medios de comunicación mexicanos.
“Escuché mi nombre” no es el primer reconocimiento internacional para el poeta veracruzano. Diversos medios reportan que se trata de la tercera ocasión consecutiva en que obtiene distinciones dentro de este certamen literario, consolidando una trayectoria que ha crecido prácticamente fuera de los reflectores.
Sin embargo, el éxito llegó acompañado de una paradoja.
Aunque fue invitado a recibir personalmente el reconocimiento durante la ceremonia programada para los primeros días de junio en Calabria, Italia, Braulio no cuenta con los recursos económicos suficientes para costear el viaje.
Ante esa situación, vecinos, amigos, clientes y personas que conocieron su historia comenzaron a organizar rifas, ventas y colectas para ayudarlo a reunir el dinero necesario. El propio escritor ha recurrido al apoyo ciudadano para intentar cumplir el sueño de recibir el galardón en persona.
La respuesta ha sido inmediata. En redes sociales, miles de usuarios han compartido su historia como ejemplo de perseverancia y de cómo el talento puede surgir lejos de los grandes centros culturales.
En un país donde con frecuencia las historias de éxito cultural están asociadas a instituciones o figuras consolidadas, Braulio representa otra realidad: la de quienes crean arte desde la vida cotidiana, sin abandonar el trabajo que les permite subsistir.
Mientras continúa reuniendo recursos para viajar a Italia, el poeta de Papantla ya logró algo que ningún premio puede medir por completo: demostrar que la literatura puede nacer en cualquier lugar, incluso en la cabina de un camión repartidor que recorre las calles de Veracruz.
Y que, a veces, un poema escrito después de una jornada de trabajo puede cruzar océanos y hacer que el mundo escuche un nombre que hasta entonces permanecía en silencio.
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