
Los insultos y las mentiras del presidente de Estados Unidos se han convertido en el pan de cada día para los inmigrantes que viven en el país. Sin embargo, estos adjetivos simplemente no se sostienen en la realidad, pues los inmigrantes latinos son trabajadores de la más alta calidad y, ahora, aun después de décadas de aportar a la economía nacional, se les está dando la espalda.
Así lo expresó Steven, (a quien hemos cambiado de nombre por seguridad) en entrevista con Península 360 Press. “Yo nunca he dejado de trabajar, yo creo que ningún día desde que llegué”, comentó.
Al contrario de lo que dice el inquilino de la Casa Blanca, los inmigrantes no llegan a “envenenar la sangre de nuestro país”; todo lo contrario, sostienen la economía local y aportan de manera desproporcionada al desarrollo de sus comunidades.
“Tenía tres trabajos cuando llegué aquí; trabajaba desde las siete de la mañana, salía a las tres. De las tres y media, en lo que alcanzaba a llegar al otro trabajo, que era una pizzería. Empecé limpiando mesas y terminaba a las once de la noche. A las doce de la noche entraba a un lugar que se llamaba Maisies”, compartió Steven.
Historias como esta son comunes entre los trabajadores inmigrantes; generalmente es la necesidad y la responsabilidad de mandar dinero a su familia en su país de origen lo que los empuja a estas dramáticas situaciones.
Sin embargo, a pesar de trabajar sin descanso, en el sentido más literal posible, cuando estos trabajadores necesitan apoyo (no para descansar, sino para seguir trabajando), se les deja solos.
“Nunca había pedido ayuda social… tuve un accidente en uno de mis trabajos y ese fue el inicio de mi tragedia. Lamentablemente empezaron las operaciones y renuncié a uno de mis trabajos. Siempre he sido autosuficiente y llega ese momento cuando te das cuenta; has dado todo a este país y no recibes ni medio por ciento de lo que has dado”, lamentó Steven.
Y es que este inmigrante relata con amargura que fue despedido de otro de sus trabajos por pedir tres días de descanso a pesar de llevar años desempeñando su puesto. Cuando llegaron las lesiones en ambas rodillas, la situación no hizo más que empeorar. Es por eso que Steven critica duramente la falta de apoyo a personas como él, que trabajaron incansablemente hasta que su cuerpo les pidió un respiro.
“Este país me ha transformado de una manera que no sé ni cómo explicarlo. Vienes de un país donde primero es la familia, pero aquí es primero siempre el trabajo”, reflexionó Steven, culminando la entrevista con P360.
La experiencia de Steven y de muchos migrantes contradice totalmente la imagen que se pinta desde Washington sobre la realidad de los inmigrantes. Las personas que llegan al país del norte, son en su vasta mayoría personas trabajadoras y de espíritu incansable, son tan valiosas por lo que viven y sienten, tanto como por lo que producen.
El ambiente hostil que el gobierno federal está creando para estas comunidades ya tiene repercusiones en la economía, pero la escala de este desastre se encrudecerá mientras más se nieguen derechos básicos a estos trabajadores.
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