
Algoritmos diseñados para retener la atención y maximizar las ganancias están colocando pornografía cada vez más agresiva frente a usuarios cada vez más jóvenes, advirtieron académicas de Virginia Tech y la Universidad de Nueva York durante un coloquio celebrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Las cifras disponibles en Estados Unidos muestran la magnitud de la exposición. El 73 por ciento de los adolescentes de entre 13 y 17 años consultados por Common Sense Media había visto pornografía en internet, accidental o intencionalmente, y la edad promedio del primer contacto fue de 12 años.
El 15 por ciento dijo haberla visto por primera vez a los 10 años o antes, mientras que 54 por ciento estuvo expuesto antes de cumplir 14. Entre quienes habían consumido pornografía, 52 por ciento aseguró haber encontrado imágenes aparentemente relacionadas con violaciones, estrangulamiento o personas que experimentaban dolor.
En contraste, solo 33 por ciento de los adolescentes había visto escenas en las que una persona solicitaba consentimiento antes de mantener una relación sexual, según la encuesta nacional de Common Sense Media, realizada entre mil 358 jóvenes estadounidenses.
Aunque la muestra fue diseñada para reflejar la composición demográfica de la población adolescente de Estados Unidos, el estudio utilizó paneles digitales no probabilísticos y sus autores aclararon que sus resultados describen a las personas encuestadas y no permiten calcular un margen de error.
El debate llegó al Primer Coloquio Internacional sobre Pornografía, Bienestar Sexoafectivo y Derechos Sexuales, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el Centro de Estudios de Género de El Colegio de México.
El encuentro, realizado el pasado 24 y 25 de agosto, reunió a especialistas para examinar el impacto de estos contenidos sobre el bienestar sexual y afectivo de las juventudes, así como las respuestas educativas, jurídicas y de salud pública ante el fenómeno.
Jennifer Johnson, profesora y directora del Departamento de Sociología de Virginia Tech, sostuvo que el contenido disponible en las grandes plataformas no responde únicamente a las preferencias sexuales de sus consumidores.
“El contenido pornográfico está moldeado por una lógica empresarial, no por intereses sexuales innatos”, afirmó la investigadora, cuya línea de trabajo estudia la pornografía como industria, fuerza cultural y asunto de salud pública.
Johnson explicó que los sitios utilizan datos sobre búsquedas, reproducciones y pagos para decidir qué materiales muestran, cuántas veces los recomiendan y cuáles destacan ante quienes ingresan por primera vez.
La catedrática agregó que la competencia por mantener a las personas conectadas favorecería los contenidos capaces de generar más interacción.
Por ello, planteó abandonar una discusión limitada a la moralidad, la censura, la libertad de expresión o el supuesto empoderamiento y adoptar un enfoque de salud pública que permita hablar de riesgos, daños, consentimiento y relaciones saludables sin criminalizar a los usuarios ni reproducir estigmas.
La especialista señaló que la primera exposición suele ocurrir entre los 11 y los 14 años, varios años antes del inicio promedio de la vida sexual y que, durante ese periodo, algunos adolescentes pueden utilizar la pornografía como una fuente de aprendizaje y construir a partir de ella expectativas sobre el consentimiento, el placer y las relaciones personales.
Chyng-Fen Sun, académica de la Universidad de Nueva York, señaló durante el coloquio que cerca del 90 por ciento de las escenas examinadas en uno de sus estudios contenía agresión física o verbal y que las mujeres eran, en una proporción superior al 90 por ciento, quienes recibían esos actos.
La cifra proviene de un análisis publicado en 2010, del cual Sun fue coautora, destacando que, de 304 escenas seleccionadas entre videos de mayor venta, 88.2 por ciento contenía agresión física y 48.7 por ciento agresión verbal; quienes ejercían la agresión eran principalmente hombres y los objetivos eran abrumadoramente mujeres.
Un estudio de 2020 examinó 4 mil 9 escenas heterosexuales alojadas en Pornhub y XVideos y encontró agresión física en 45 por ciento de las escenas del primer sitio y en 35 por ciento de las del segundo.
En ese análisis, las mujeres fueron el objetivo de las agresiones en 97 por ciento de las escenas donde aparecieron esas conductas, mientras que los hombres fueron los perpetradores en 76 por ciento. Las respuestas femeninas fueron presentadas generalmente como positivas o neutrales y rara vez como negativas.
Sun también ha investigado la manera en que algunos hombres interpretan prácticas difundidas por la pornografía, y en un estudio cualitativo basado en entrevistas con 16 hombres heterosexuales, la mayoría relacionó una práctica explícita analizada por los investigadores con dominio masculino y agresión sexual.
Los participantes manifestaron interés en reproducirla pese a considerar que probablemente no sería deseada por las mujeres.
Ante este escenario, Johnson propuso integrar la alfabetización sobre pornografía a la educación sexual, con herramientas que ayuden a diferenciar una producción comercial de una relación real y que permitan hablar de consentimiento, respeto, placer, violencia y expectativas corporales.
La necesidad de esa conversación también aparece en los datos estadounidenses, pues solo 43 por ciento de los adolescentes encuestados por Common Sense Media había hablado de pornografía con un adulto de confianza, pese a que casi tres de cada cuatro ya habían estado expuestos.
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