
La construcción de viviendas contemplada en la medida Q es el motivo de una fuerte disputa entre distintos sectores en Half Moon Bay en el condado de San Mateo, California. La construcción de viviendas pensadas para trabajadores de campo de la tercera edad se ha estado discutiendo desde hace más de tres años y ahora parece pender de un hilo.
En entrevista para el programa Por la Libre, Enrique Bazán, integrante de la organización ALAS (Ayudando a Latinos a Soñar), explicó que el proyecto busca atender una necesidad de vivienda que afecta especialmente a trabajadores agrícolas de edad avanzada, algunos de los cuales continúan laborando a los 70 u 80 años y perciben alrededor de 30 mil dólares anuales.
“Hay campesinos que ya tienen 70 u 80 años y siguen trabajando en el campo”, señaló Bazán, al describir las condiciones de quienes no cuentan con una vivienda adecuada y, en algunos casos, continúan viviendo con sus hijos o en espacios rentados en condiciones precarias.
De acuerdo con Bazán, originalmente se contemplaba que la construcción estuviera terminada para el 2027, pero la oposición de un grupo de residentes ha retrasado el proceso.
Bazán aseguró que las encuestas realizadas por los promotores muestran una contienda cerrada: aproximadamente 50 por ciento de las personas consultadas estaría a favor de la medida y otro 50 por ciento en contra, además de un grupo de votantes indecisos al que las organizaciones buscan convencer.
Uno de los puntos más controvertidos del debate son los argumentos utilizados por quienes se oponen al proyecto. Bazán relató que se ha reunido personalmente con personas que rechazan la construcción y que entre sus argumentos ha encontrado preocupaciones relacionadas con el desarrollo urbano, el diseño del edificio y los límites territoriales de la localidad.
Sin embargo, el activista considera que detrás de algunas de estas posturas existe una percepción de que la comunidad latina no pertenece al lugar.
“Hay una invisibilidad y que nos ven extranjeros y no pertenecientes a este espacio”, relató al explicar algunas de las conversaciones que ha tenido con opositores. También señaló que alrededor del 30 por ciento de la comunidad local es latina, aunque, a su juicio, esta población continúa siendo poco visible en las decisiones públicas.
Es también preocupante el modelo de vivienda que actualmente enfrentan algunos trabajadores agrícolas. Bazán explicó que en determinados ranchos puede haber viviendas ocupadas por alrededor de 20 trabajadores, quienes pagan aproximadamente 500 dólares cada uno por un espacio que puede contar únicamente con un baño y una cocina.
Según su descripción, ese esquema puede representar ingresos de hasta 10 mil dólares mensuales para los propietarios de esas viviendas.
Es así que los dueños de los ranchos en los que trabajan estas poblaciones, se benefician del trabajo de los latinos en sus campos, también hacen negocio con la vivienda que ofrecen a los trabajadores.
Sin embargo, ofrecer vivienda no es más que una expresión; en realidad, los trabajadores se ven forzados a rentar estos espacios sin importar las condiciones de los mismos, pues la renta en lugares cercanos es impagable para ellos.
Bazán recalcó que claramente esta es una de las grandes motivaciones de aquellos que se oponen a la medida Q. El construir vivienda asequible no solo significaría darles un reconocimiento y un espacio a los trabajadores agrícolas, sino que también significaría darles una opción a los mismos y obligaría a los dueños de los ranchos en los que trabajan a competir por el dinero de los trabajadores.
Mientras las votaciones sobre la medida Q se acercan, algo queda claro: el movilizar a los latinos elegibles para votar va a ser clave para llevar a cabo este proyecto y reconocer la pertenencia de los trabajadores agrícolas que llevan la comida a nuestros platos todos los días.
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